No tiene duda la gerente del área de Santiago, Eloína Núñez, de que la pandemia del coronavirus ha provocado cambios en el sistema sanitario que se consolidarán en el futuro. Lo dice en una entrevista hoy en estas páginas aludiendo a aspectos elementales como la aplicación de los recursos telemáticos para evitar que los pacientes tengan que acudir al hospital para trámites tan simples como recoger el resultado de una prueba o el mayor aprovechamiento de las tardes para las consultas, igual que hace ya tiempo se intensificó en ese horario la actividad quirúrgica. Quizá por la evidencia de que la sanidad gallega, y en especial la compostelana, presenta mejores condiciones que las de otras comunidades autónomas, la gerente no alude a cuestiones estructurales que el covid-19 ha puesto de manifiesto y que se sustancian, en general, en la necesidad de inversión pública. El presupuesto del área sanitaria de Santiago y Barbanza no ha dejado de crecer año tras año. Antes de la pandemia era de 623 millones de euros para el 2020 (casi seis veces más que el del Concello), y el 45 % va al capítulo de personal. Son muchas las necesidades, y no digamos frente a un ataque brutal como el del covid, que ha tenido una reacción de los sanitarios por encima de lo humanamente exigible y ha puesto a prueba la calidad del sistema. Esta crisis va a servir para mejorar la capacidad de respuesta y evitar en lo posible carencias como las sufridas en las primeras semanas. Al mismo tiempo, nos deja una certeza: nuestra salud está en buenas manos. Manos que hay que mimar, porque el escamoteo en sanidad acabará provocando costes inasumibles.