Nunca tan necesario ha sido como ahora que los consumidores fijemos nuestro interés en el comercio de proximidad, que esta semana, con los fuertes condicionantes que impone la aplicación rigurosa de las medidas de seguridad sanitaria, se sumará mayoritariamente a la desescalada del estado de alarma, casi dos meses después. Pero no nos engañemos, no solo es por dar un apoyo más o menos convencido a un sector del que dependen miles de empleos, sino que en realidad, aunque al ciudadano de a pie le cueste verlo, nos jugamos el futuro de Compostela, el dinamismo de sus calles, de la vida cotidiana y, en parte, de las relaciones sociales. Eso de «hacer ciudad» es mucho más que un lema gastado, es una auténtica realidad cuando se le atribuye al pequeño comercio, que corre un serio peligro de recibir la puntilla del covid-19 después de muchos años arrastrando una crisis provocada por la falta de consideración de múltiples decisiones políticas, por el embate de la globalización del consumo y de las compras por Internet y, también, por la incapacidad de adaptación de muchos pequeños comerciantes a las nuevas e imparables circunstancias del sector, apremiado a la especialización, el exquisito trato personalizado y la innovación tecnológica para subirse al carro online. Con cada cierre sin reapertura equivalente, la ciudad se deja una pizca de sí misma y suma a la desolación que ya antes de la pandemia asomaba en algunas de nuestras calles tradicionalmente más llenas de vida. Desde ya, compre usted aquí y apoye el esfuerzo que nuestros comerciantes están realizando. Haciéndolo, ganamos todos, construimos futuro para Compostela.