El mundo tras el coronavirus

Xurxo Melchor
Xurxo Melchor ENTRE LÍNEAS

SANTIAGO

Dice mucho de la sociedad española que lo primero que hayamos hecho al relajarse las medidas de confinamiento sea planear encuentros en la calle con nuestros padres, hijos y abuelos. Necesitábamos verlos -los que hayan podido, yo no- y eso pone sobre la mesa la familia como eje vertebral de nuestras vidas. Sin la familia habríamos sucumbido por completo a la crisis económica del 2008 y cada día que pasa tengo más claro que si saldremos de este nuevo brete no será gracias al Gobierno, a ningún gobierno, sino al amor incondicional y sacrificado que nos tenemos los unos a los otros y que hace que en ese término, familia, entre más gente que la que lleva nuestra sangre. A mí lo que de verdad me tiene intranquilo es el mundo que se nos viene encima, tras el coronavirus. Estos días sales a pasear con tu hija y solo ves mascarillas -la primera, la tuya- y ojos desconfiados que se cruzan con los tuyos, que también tienen miedo. Qué mundo será ese sin bares en los que te tienes que abrir camino hasta la barra. En los que no piensas en qué habrá tocado o respirado el camarero antes -bendita ignorancia- y en los que lo más importante no es la caña, el vino o la tapa, sino socializar. ¿Cuántos amigos inseparables o parejas imperecederas han surgido de bares llenos hasta la bandera? A mí me gustan los abrazos, los besos, las palmaditas en la cara o en la espalda, los apretones fuertes de mano, los bares, los restaurantes, los cines y el fútbol y ahora mismo no puedo ni imaginarme cómo serán todas estas cosas sin poder tocar a nadie ni respirar a su lado. Eso sí me asusta.