La gente es maravillosa

Xurxo Melchor
Xurxo Melchor ENTRE LÍNEAS

SANTIAGO

El coronavirus me ha quitado mucho. Hace un mes que no salgo de casa. Lo más lejos que he llegado es al contenedor del vidrio. El otro día osé arrancar el coche y di una vuelta por el garaje, ya ves. Y como ya es imposible que los súper te traigan la compra a casa hemos tenido que optar por ir a recogerla con el coche. Será el viernes y estoy hasta nervioso. Casi me siento como Colón antes de embarcar rumbo a lo desconocido. Apenas recuerdo cómo era vivir sin miedo a contagiarme. Sin miedo a que mis hijas, mi mujer o mis padres se contagien y pasen a engrosar las temibles listas de bajas y heridos con las que nos apabulla la televisión. Hemos perdido la libertad y eso es terrible, pero en este confinamiento también pasan cosas buenas. Mi hija ha aprendido a decir mamá, mi padre me está pintando un cuadro nuevo y he recobrado la fe en la humanidad. La gente es maravillosa y lo ves todos los días aunque sea desde una ventana. Protección Civil vino a felicitar a un niño por su cumple y un vecino hizo ayer lo propio tocando desde su jardín el Cumpleaños feliz al violonchelo. Escuchó por casualidad una conversación en la que hablaban del tema y les dio la sorpresa. Y no solo eso, en mi manzana, todos los días, a las ocho, además de aplaudir a los sanitarios, policías y demás héroes de estos días -panaderos y repartidores incluidos- una vecina pone música y hasta ha habilitado una cuenta en una red social en la que admite peticiones. El otro día acabó la sesión con el Miña terra galega de los Siniestro Total y confieso que me emocioné. La gente es maravillosa y yo no lo sabía.