Mascarillas


Una de las reflexiones que más abunda en este tiempo extraño es que de la pandemia del coronavirus podremos extraer muchas lecciones sobre cómo afrontar nuestras vidas una vez que todo esto termine. Falta tiempo para saber la evolución de los acontecimientos, pero ya es momento de las primeras reflexiones a costa de un artilugio, las mascarillas, que hasta ahora solo veíamos en el dentista, o si en algún momento necesitamos pasar por el quirófano.

Me viene a la memoria ese anuncio con el mensaje de que el algodón no engaña y mi cerebro tira de paralelismo para pensar si todo lo que ver con las mascarillas es la prueba del algodón de nuestra sociedad y de cada individuo. Mientras miles de mujeres anónimas ofrecen su maña y sus máquinas de coser y tejen una red solidaria para elaborar cuantas más mascarillas mejor, las televisiones y las redes sociales nos dan un tortazo y nos muestran peleas entre administraciones a costa del material para protegerse de esta pandemia.

Cuando superemos esta ola vendrá la siguiente, que no se yo si será tan letal. La de las empresas que tienen que cerrar porque no pueden aguantar la pandemia económica. También la de firmas multimillonarias que sí tienen capacidad para abrocharse el cinturón y dejar que el dinero de los impuestos de muchos, aunque no de todos los que deberían, sirvan para ayudar a quien realmente lo necesite para salir adelante. Lo mismo va para grandes fortunas ,superestrellas y galácticos del balompié. A todos hay que recordarles que si hoy necesitasen una mascarilla igual tendrían que llamar a la puerta de una mujer anónima.

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