(Re)Vivir


El olor revitalizante de un café apresurado en el borde de la encimera cuando es tan temprano que las calles todavía bostezan. Mamá, que nos sostiene a todos, avisando de que en la Plaza había xoubas y que a las tres nos espera. A veces parece que este maldito té es lo único que consigue arrancarme las palabras para que caigan sobre esta página puñetera. Conducir por esta ciudad es casi siempre un suplicio y ahora más. Mira la avenida de Lugo, parece un paisaje de guerra. Pararse dos segundos a respirar hondo este olor que ya anticipa primavera. Una cerveza improvisada después de una jornada complicada. Sentarse en la Quintana a beberse el sol, que a estas alturas todavía escasea. Pasear por los soportales cuando la lluvia, como siempre, hace acto de presencia. Un cine a mitad de semana, que la película está a puntito de salir de la cartelera. ¿Esta semana cenamos? Acaba de abrir un sitio y tengo ganas de saber si es verdad todo eso que se cuenta. Una abrazo de papá porque aunque solo hace tres días que no nos vemos parece que ha pasado una vida entera. Mi hermano haciendo la mochila después del café porque tiene que irse a entrenar a la cantera. Remolonear a primera hora los días de piscina y acabar poniéndose el bañador y el gorro a la carrera. En el agua ya está nuestra Mireia Belmonte, que se llama Manuela. Los fines de semana se expanden cuando él gira la llave y cruza la puerta. Hay un monstruito que nos ha arrancado la rutina y ahora nos damos cuenta. La vida no se construye con grandes gestos, sino a base de cosas pequeñas. Busquemos otro modo de (re)vivir al regresar de la pandemia.

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