Orgullo inglés

Cristóbal Ramírez

SANTIAGO

17 mar 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Mi hija está ahora mismo en un colegio inglés con millar y medio de alumnos más. Aquí no ha llegado el coronavirus, no se respira histeria, solo he visto tres o cuatro mascarillas que portaban estudiantes. Orientales, claro, tan aficionados a ellas. Ha habido un cierto desabastecimiento de papel higiénico porque algún tertuliano tuvo la idea de soltar que el coronavirus daba diarrea. Se limita la venta de jabón para manos.

En ese colegio, el St. John’s de Bishop Auckland, hay un jabón desinfectante en la recepción. No por donde entran los chicos, sino los padres. ¿Punto final? No. Y es que este es un pueblo que supo resistir, vaya si supo. Que se lo pregunten a los únicos que tuvieron arrestos a intentar invadirlo, Felipe II y su Armada Invencible (el nombre me sigue pareciendo precioso) y los nazis, sin que esto quiera implicar comparación alguna entre un rey meapilas y unos asesinos como no conoció la historia. Bueno, sí, Stalin y su aprendiz camboyano Pol Pot.

De manera que en toda y cada una de las aulas del St. John’s se informó la semana pasada del famoso coronavirus, y se les dijo a los alumnos que tenían que hacer cuatro cosas: lavarse bien las manos, estornudar o toser contra el codo, comunicar si aparece fiebre y permanecer tranquilos. Pero los profesores añadieron algo más. Algo que muestra cómo es el carácter británico. Dijeron: «Y quien no cumpla alguna de estas normas no es digno de estudiar en St. John’s». Y eso en este país impacta. La dignidad de un centro de estudios, de una aldea, de una comarca, de una nación no puede ponerse en duda. Los alumnos no respondieron «señor, sí señor», pero poco les faltó. Igualito que en España.