Calle a calle


El comercio de proximidad se muere en Santiago y con él desaparece un sustento capital de la vida ciudadana. Está ocurriendo ante nuestros ojos, como asumiendo que es un fenómeno inexorable porque, al fin y al cabo, son las leyes del mercado. Si un comerciante no es competitivo, que baje la persiana para siempre. Pero ¿cómo ser competitivo en una economía hiper globalizada en la que el consumidor compra por Internet desde el sofá de su casa a precios imbatibles o, en el mejor de los casos, se va al tropel de los santuarios comerciales del fin de semana? Sí hay mucho que se puede hacer, y no es suficiente con esa cantinela que el sector ha asumido de la especialización, la atención personalizada al cliente, incluso la flexibilidad de horarios, la digitalización o su proyección en la web. Hay en Santiago casos meritorios de éxito que conviene poner en valor como ejemplo de que hay caminos de presente y de futuro, y de que es necesario cambiar el discurso negativo del goteo de cierres. Urgen políticas para favorecer la vuelta al comercio tradicional, que es lo mismo que recuperar el pulso ciudadano: un tratamiento de choque desde todas las Administraciones, la central y autonómica con incentivos a la medida de un sector agonizante y, en la decisiva distancia corta, los ayuntamientos. En Santiago, las calles tienen que pasar de la progresiva peatonalización a ser en sí mismas un reclamo para vecinos y visitantes. La expulsión de los coches requiere facilidades de acceso y estacionamientos baratos. Planes consensuados en Raxoi y con comerciantes y vecinos. En el Ensanche, la operación Peleteiro es una oportunidad histórica, pronto lo será la plaza de Galicia... Calle a calle.

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