¡Hágase la luz!

Emma Araújo A CONTRALUZ

SANTIAGO

Da igual que con los años reniegues de la educación religiosa, porque a poco que profundices te das cuenta de cuanto poso conservas y recuerdas cuando Dios pronunció la frase ¡Hágase la luz! Y la luz se hizo, porque cuando eres el creador del universo puedes diseñarlo como te venga en gana. Después creó nuestra especie, dotándonos de gran habilidad para intercalar masacres y artes contemplativas. Como ayer, que fue un día grande para los amantes de la luz porque una de esas estrellas que no vemos tan bien como deberíamos se llama Rosalía de Castro. También debe de ser un momento especial para quienes vinculan la felicidad, las ventas del comercio y la promoción turística, con miles de bombillas que volverán a poner de moda salir de movida con gafas de sol.

No seré yo quien ponga en duda de la relación entre el alumbrado navideño y la predisposición a dar rienda suelta a las tarjetas de crédito, pero llama la atención el síndrome de Pavlov que anida en todo el mundo con tanto led, y que si te da con la lotería tiene nombre de enfermedad.

Quizá más pronto que tarde se diagnostique un síndrome por la exposición a tanto destello y la cura sea un viaje al desierto o recordar a Van Gogh que hace 120 años nos regaló su mágico cuadro La noche estrellada. Dicen que lo pintó a partir de lo que veía desde su ventana, llenita de barrotes. Toda una alegoría de tanta iluminación navideña que ahora nos oculta a la estrella Rosalía de Castro, que brilla a unos 240 años luz de distancia. Hasta nuevo cataclismo queda consolarse pensando en ambas curas, porque a ver quien apaga tanta luz.