santiago / la voz

Tras quince meses de obra y con medio año de retraso sobre el final comprometido con los vecinos por el gobierno de Compostela Aberta, ayer se abrió al tráfico la calle Castrón Douro. Ahora pueden pasar los coches en sentido único de bajada en el tramo entre Pitelos y Curros Enríquez, y los vecinos ya acceden a sus garajes. No obstante, quedan aún muchos detalles para rematar por completo la reurbanización de este vial que es ciudad histórica y Camino de Santiago.

Esta intervención es parcial, ya que falta la reforma, ahora en su fase inicial, de Patio de Madres, que permitirá la comunicación con la almendra del casco monumental desde Fonte de Santo Antonio y Tránsito dos Gramáticos. Y todavía cuando concluya la reurbanización de Patio de Madres -pese al enorme retraso acumulado en Castrón Douro, el actual gobierno socialista cree que podrá estar terminada apenas dos meses por encima del plazo fijado inicialmente de febrero del 2020- quedará pendiente el tramo inferior de Castrón Douro entre el cruce con Curros Enriquez y el inicio de la rúa de Sar, que presenta un estado deplorable y a día de hoy ni siquiera está presupuestado, aunque sí tiene proyecto.

Aceras de hormigón

El tramo reabierto de Castrón Douro ofrece luces y sombras a ojos de los vecinos. Su estado anterior era tan lamentable como el tramo que ahora resta hasta la rúa de Sar, incluso peor por la presión de tráfico que soportaba. Por tanto, los residentes lo ven como un cambio de la noche al día. La reducción del ancho de la calzada para dejarla con un solo carril y sentido de bajada -antes era de doble dirección- y la supresión del aparcamiento en superficie -había una veintena de plazas ORA entre Pitelos y Curros Enriquez, a la izquierda- han permitido dar una gran amplitud al ancho de las aceras, necesario no solo para el tránsito peatonal ordinario, sino también porque es el acceso de peregrinos de la Vía de la Plata hacia la Catedral. No obstante, las aceras fueron realizadas en hormigón, lo que proyecta un aspecto cutre, más aún en contraste con la piedra de los accesos a los portales de los edificios de viviendas (escaleras y rampas) y teniendo en cuenta que es ámbito del Plan Especial, con sus estrictos requerimientos de uso de materiales nobles.

El hormigón de las aceras, el asfalto de la calzada y la eliminación de los árboles (de una veintena, han quedado dos) y de la zona ajardinada de la plaza a diferentes niveles, junto a la instalación de farolas de báculo en el lado descendente derecho, han mermado notablemente el carácter tradicional de Castrón Douro y la han deshumanizado, acentuando un perfil duro y poco acogedor. A esto ha contribuido el empedrado total de la plaza, ahora sin sombras, sin pájaros y con el cruceiro desplazado del centro hacia la acera, encajado en un marco de hormigón que contrasta con su pedestal tradicional de piedra. Las gradas que salvan los desniveles de la plaza sustituyendo a los parterres ajardinados son una invitación al botellón y al ruido nocturno a la puerta del bar Fina. Los vecinos temen igualmente que los rincones del vial en los que se han habilitado exiguos parterres hagan la función de las papeleras que tampoco hay en la calle.

Entre los trabajos pendientes, falta el remate de las fachadas de los edificios cuyos cimientos quedaron al aire tras la reducción del desnivel en la mitad inferior de la rúa, ya que se han cubierto chapuceramente con cemento.

Pendiente difícil de subir

Esta falta de previsión sobre las consecuencias de la reducción de la cota, que permitió rebajar el desnivel entre el ras de la calle y el acceso a parte de los edificios residenciales, tiene también un importante impacto en el tramo de Patio de Madres entre Pitelos y García Blanco. El desnivel de la confluencia con la ruela de Pisión es de un metro y exige una actuación complementaria. Y, sobre, todo, acentúa la pendiente en ese tramo, con el temor de que personas mayores o con dificultades de movilidad no puedan subirlo o sufran grandes dificultades para hacerlo.

La incuestionable ventaja de la reducción del tráfico en Castrón Douro tiene la contrapartida de la supresión del aparcamiento en superficie -quedó una reserva de cuatro plazas para un máximo de 15 minutos-, y la sobrecarga de Curros Enríquez y Santiago de Guayaquil para acceder al centro por el Hórreo y la praza de Galicia, eje viario ya hipersaturado. Además, ahora se ven obligados a seguirlo los vecinos para acceder a sus garajes cuando proceden del periférico, de Sar o del enlace del Gaiás de la AP-9, lo que al cabo del año sumará varios centenares de kilómetros a sus vehículos. En la nueva ruta descendente por la rúa de Pitelos -donde se suprime el aparcamiento excepto de 9 a 9.30, de 12.30 a 13.30 y de 15 a 15.30 y 17 a 18 horas para dar servicio al colegio de La Inmaculada- ofrecen alguna dificultad el acceso a la primera desde el Hórreo y, por visibilidad reducida, su confluencia en Castrón Douro.

Lo que no se ve es probablemente lo mejor de la reforma de Castrón Douro: la renovación total de la canalización de servicios y la instalación de la red de gas natural. Y, entre lo que se ve, llama la atención que se hayan instalado nuevas farolas que imitan a las antiguas y que proyectan luz blanca en vez de la ámbar de las ya existentes, lo que acaba por sobreponer, también por la noche, una mal entendida modernidad a este vial histórico.

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Luces y sombras de Castrón Douro inacabada