Si un libro es un amigo en cualquier lugar, en estos días de otoño más, porque la lluvia anima a no salir. Así que voy a permitirme la libertad -aunque a algunos les pueda sonar algo pedante, lo cual no es en absoluto mi intención- de recomendar el último que he leído, Mi corazón herido, escrito por Martin Doerry, que es el nieto de Lilli Jahn. A su vez, esta es la protagonista de la historia: una judía que acaba sus días con 44 años en Auschwitz.
¿Una historia repetida? En absoluto. Y ese es su gran valor. Porque Martin Doerry reconstruye la vida y la destrucción de Lilli a través de su copiosa correspondencia. Y si toda utilización de cientos de cartas se basa en la manipulación, la impresión que da es que Doerry, periodista de larga experiencia en un medio serio como es Der Spiegel, ha puesto orden en todo ese material con dos premisas: la ética y el consiguiente respeto por los hechos. No inventa nada, no interpreta gratuitamente nada, y cuanto afirma él lo documenta con alguna de las cartas. Y cuando no está seguro, duda, condición general en el mundo del periodismo para figurar en la categoría de los honrados (de canallas también estamos bien servidos en esta profesión, conste).
El abuelo de Martin Doerry, protestante cercano al catolicismo, se divorció de Lilli cuando los nazis pisaron el acelerador. Y eso era regalarle a la mujer un pasaporte a un campo de exterminio. Una decisión que es difícil que no revuelva el estómago, con independencia de las circunstancias endógenas de una pareja en la que ella no deja de mostrar su inmenso amor. Tanto que sacrificó su desarrollo profesional por él, y dijo adiós a la medicina. ¿Conclusión? Sáquela usted mismo.