Decenio negro

Cristóbal Ramírez

SANTIAGO

Ya hemos empezado a escuchar de nuevo las tonterías de siempre. Y con adelanto. Porque es lógico que los que ostentan el poder se tiren (demasiados) faroles y los que están en la oposición generen (demasiadas) críticas. Si echáramos un vistazo a las hemerotecas veríamos que siempre esa oposición, la que sea, brama porque «estos cuatro años han sido una legislatura perdida en este ayuntamiento -o provincia, o Xunta- porque el alcalde o presidente de la Diputación o de la Xunta han sido un desastre, tiempo malgastado que hay que recuperar en cuanto yo y los míos lleguemos al poder».

Aburridos de escuchar lo mismo, uno pensaba que los políticos de una cierta altura y con una cierta responsabilidad no soltaban esas frases huecas destinadas al sector menos culto de la ciudadanía. Uno, ignorante, les daba más categoría. Pero hay que admitir el error. La dirigente del Bloque, Ana Pontón, mujer incansable, se ha descolgado el domingo con una perla que aburre: alecciona a los suyos diciendo que hay que acabar con el «decenio negro de Feijoo». Un poco de sentido común y una ración menos de populismo no le vendrían mal. Feijoo, como todos, tiene luces y sombras. Pero Galicia no fue ni es la cuchipanda corrupta de Valencia. Ni el desmadre pseudoindependentista de Cataluña. Ni los recortes se aplicaron como en Madrid.

Si ese es el nivel del Bloque, tiemble el PSOE, porque en caso de ganar las elecciones el año que viene tendrá que contar con los nacionalistas. Y tras la caótica experiencia del bipartito de Touriño y Quintana qué quieren que les diga: dormiré más tranquilo si gana o Feijoo o el PSOE por mayoría absoluta. Si no es así, échense a temblar del nivelazo que va a haber.