El exdirector del BBVA en A Senra acepta devolver los 100.000 euros que estafó

Evita ingresar en la cárcel tras aceptar una pena de dos años que ha sido suspendida


santiago / la voz

La vorágine de acontecimientos que activó en abril del 2009 el que entonces era el director de la oficina principal del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA) en Santiago, la situada en los números 3 y 5 de la cotizada y céntrica calle de A Senra, llegó ayer a su fin tras celebrarse el juicio en la sección compostelana de la Audiencia Provincial en el que Francisco Javier Sanmartín estaba acusado de estafa y falsedad en documento mercantil.

Sanmartín, que ya no vive en Galicia, solicitó comparecer ante el tribunal a través de una pantalla. Es decir, por videoconferencia, que pese a que volvió a dar uno de los constantes fallos que desesperan a magistrados y funcionarios de los juzgados de Santiago, permitió finalmente que el acusado estuviera presente cuando se leyó el acuerdo al que su defensa, la Fiscalía y la acusación particular, que ejercía el BBVA, han llegado para resolver el entuerto de la mejor manera posible para todos.

Ese pacto pasaba ineludiblemente por que el exdirector de la oficina del BBVA en A Senra admitiese su culpabilidad y devolviese el dinero estafado al banco. Cuando se presentó ante el tribunal ya había ingresado en la cuenta judicial 70.000 de los 101.130 euros que logró llevarse. La cantidad restante la irá devolviendo a plazos y con unos intereses dos puntos superiores a lo que marque el precio del dinero en cada momento. Ya se sabe cómo acaban las cosas cuando hay dinero y bancos de por medio, con intereses.

A cambio de admitir los hechos y de devolver el dinero estafado, Francisco Javier Sanmartín ha evitado tener que pisar la cárcel por sus malas acciones del pasado, cuya causa y posible justificación ya nunca se conocerán porque el pacto con las acusaciones hizo que solo tuviese que intervenir en el acto para dar su visto bueno al acuerdo.

La Fiscalía le solicitaba inicialmente cuatro años de prisión y una multa de 3.660 euros, además de devolver al banco el dinero estafado. Ahora, al aplicarle las atenuantes de dilaciones indebidas -han pasado diez años desde que se cometió el delito- y reparación del año por entregar ya 70.000 de los 101.130 euros, esa condena ha quedado en solo dos años, aunque la multa se mantiene en la misma cuantía.

Al ser la pena impuesta de solo dos años, el acusado ha podido acogerse a la suspensión que la propia Fiscalía ha solicitado al tribunal. Así, Francisco Javier Sanmartín no tendrá que pasar en la cárcel ni un solo día, siempre y cuando no delinca en los próximos tres años y abone los 31.130 euros más intereses que aún le debe al banco en el que trabajó durante años.

Los hechos

El sistema que empleó el exdirector de la oficina principal del BBVA en Santiago para estafar al banco fue ingenioso, pero no lo suficiente como para no acabar sentado ante un tribunal de Justicia. En aquel mes de abril del 2009 creó un cliente ficticio e inexistente y, valiéndose también del Documento Nacional de Identidad (DNI) de una mujer que nada tiene que ver con el caso ni con la entidad bancaria, formalizó una cuenta de crédito y una tarjeta de crédito dando una apariencia de solvencia y omitiendo los trámites y requisitos que la ley exige para este tipo de operaciones.

Casi un año después, en febrero del 2010, formalizó una nueva operación por importe de 132.456 euros, saldo con el que canceló la primera operación. Así logró que el BBVA creyese que todos los datos y documentos aportados eran reales y le concedió una línea de crédito en la cuenta a nombre del cliente ficticio cuya identidad Sanmartín había inventado.

De este modo, y valiéndose de su posición como director de la oficina bancaria, fue realizando de forma sucesiva hasta catorce reintegros, en los que él firmaba haciéndose pasar por el falso cliente. El primero quedó registrado el 2 de abril del 2009 y el último el 31 de agosto del 2010 hasta completar un total que asciende a los 65.000 euros. Los primeros fueron de pequeños importes, de entre 300 y 4.500 euros, para ir subiendo después las cantidades hasta llegar al final a los 10.000 y 19.000 euros.

El acusado usó un falso cliente para crear una cuenta y hacer reintegros por 65.000 euros

Antes del juicio entregó 70.000 euros al banco y el resto lo pagará a plazos con intereses

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