Artesanos


Con o sin autonomías, somos un país centralista. Por múltiples razones, entre otras no menores porque en Madrid están el Gobierno y las estructuras del poder, y porque allí viven varios millones de habitantes. También porque Barcelona queda lejos y porque en Cataluña sigue disfrutando de la libertad que les otorga la Constitución una recua de iluminados que piensan que el Espíritu Santo los bendice a ellos y solo a ellos, y no resulta agradable encontrárselos por las calles.

Así que sí, en la práctica es obligatorio tener presencia en Madrid. Eso lo ha entendido bien la artesanía gallega, un sector con tanto encanto de buenas a primeras como debilidad estructural por su propia definición: el artesano es una persona sola ante un desafío.

Y con apoyo de la Xunta, los artesanos están en Madrid. Arrancaron el pasado viernes y no cierran la tienda hasta el domingo. «Pop up Galicia. Saberes y sabores» es el nombre de la fiesta que viven en estos momentos nueve profesionales, que dan cobertura a un espacio de muestra y venta de piezas elaboradas por medio centenar de sus colegas. Es la tercera edición de una tienda que se complementa con toques gastronómicos.

Ceramistas (Branqueta de A Coruña y Laura Delgado de Cambre), el taller de forja de Celso Ferreiro (A Fonsagrada), los del cuero Jatafarta (Santiago) y Santiago Besteiro (Monterroso), el de joyería Ferraxe de Prata (Teo) y las artesanas especializas en textil Boina Galega, Dagerónimo e Inés Rir (las primeras de Santiago, la última de Allariz) son una muestra de la vitalidad de un sector que en Galicia aguantó vientos y tempestades. Y que parece, al fin, tener futuro. Aunque sea pasando por Madrid.

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