José Miguel Andrade, enfermo de párkinson: «Firmaría quedarme como estoy»

Afectado desde hace años, el profesor de la USC no renuncia a su vida de antes y confía en que la medicina retrase el avance de la dolencia


redacción / la voz

José Miguel Andrade Cernadas (A Coruña, 1963) es hijo, padre, esposo, profesor de Historia Medieval de la Universidade de Santiago y enfermo de párkinson. Ayer colaboró en las actividades organizadas para conmemorar el día dedicado a esta patología neurodegenerativa que, en el año 2040, cuando -como recuerda una campaña sobre la dolencia -colonicemos Marte, convivamos con robots y los coches se piloten solos, será la enfermedad grave más común.

-¿Enfermo desde...?

-En junio hará dos años que me diagnosticaron, aunque los primeros síntomas son de hace al menos cuatro años.

-¿Qué le encendió la luz roja?

-Empecé a notar dificultades serias a la hora de escribir, me resultaba difícil escribir a mano y todas las tareas finas, colgar la ropa, cepillarme los dientes... Cuando fui al neurólogo, ya me dijo que era párkinson precoz.

-¿Cómo se asume?

-Fue un mazazo. En general, tenemos información muy sesgada. Yo me imaginé ya siendo un viejo prematuro. Pero la enfermedad tiene dramas varios, porque cada paciente es una historia diferente. Psicológicamente el momento inicial es incluso de duelo. Yo tardé en decírselo a la gente, excepto a mi familia y mis amigos más cercanos. Ahora lo saben mis compañeros e incluso mi alumnado. Incluso lo prefiero.

-¿Y el impacto en la familia?

-Es lo más difícil. Decírselo a mi mujer y a mis hijos... un mal trago. Me siento muy orgulloso de su reacción y, por supuesto de su cariño. Para mí fue particularmente complicado decírselo a mis padres. No es sencillo a personas mayores contarles que su hijo tiene una enfermedad crónica incurable. Me sorprendieron, lo afrontaron con entereza. Imagino que cuando yo no estoy delante lo vivirán de otra manera, pero fueron muy positivos y asertivos.

-Y lo afrontó.

-Yo empecé con tratamiento médico y contacté con la asociación Párkinson Galicia para la fisioterapia, la logopedia... voy también a aquagym, un programa, para pacientes de entre 45 y 55 años con diagnóstico de párkinson precoz. Hago deporte, pilates... Pero afortunadamente sigo trabajando; con pequeñas dificultades, pero sigo trabajando.

-¿Pequeñas?

-Pequeñas dificultades en la vida diaria. Como colocar el pen para dar clase, utilizar el ratón... y a veces me siento más espeso de lo que me gustaría para dar clase, pero sigo cumpliendo con mi función profesional. Sigo haciendo lo mismo que antes, más lento de movimiento, más lento de procesamiento intelectual, pero no he dejado de hacer absolutamente nada. Me cuido un poco más, eso sí.

-¿Qué mensaje le gustaría trasladar en el Día del Párkinson¿ ¿De esperanza? ¿Reivindicativo?

-Las dos cosas. Esperanza porque, aunque es una enfermedad en la que me queda mucho por recorrer, crónica e incurable, otra cosa es paliar los efectos y retardar en el tiempo el empeoramiento. Esa es la confianza de los enfermos. Yo, desde luego, firmaría quedarme como estoy.

-¿Y qué reclamaría?

-Dos cosas. Una a nivel personal, aunque lo pido para otros afectados: a la hora de dar el primer diagnóstico, creo que los médicos deberían ser más cuidadosos y dar una noticia tan seria de una forma menos dramática, más suave. Yo lo viví con gran brusquedad. Igual es lo más eficaz, pero para el que la escucha es difícil de encajar.

-¿La otra?

-A nivel global es importante invertir mucho más en medios sanitarios. Que la visita al neurólogo no se dilate en el tiempo, y que haya más acceso a fisioterapia, psicólogos y a todos los medios complementarios de tratamiento. Creo que es perfectamente reivindicable en una sociedad próspera y del primer mundo.

Pacientes, médicos e investigadores abordan el impacto de la dolencia esta tarde en Medicina

El impacto de la enfermedad de párkinson se aborda esta tarde, desde las 16.00 horas, en una jornada divulgativa, en el salón de actos de la Facultade de Medicina. Participan las asociaciones de pacientes de Santiago y Vigo; especialistas que les tratan en ambas ciudades; y el grupo de la USC, del profesor José Luis Labandeira, integrado en el Centro de Investigación Biomédica en Red sobre Enfermedades Neurodegenerativas, que estudia este problema de salud.

En Santiago, el CHUS evalúa cada año a 250 pacientes para valorar si se pueden operar, como una fase avanzada de su tratamiento. Un 10 % de las personas afectadas de párkinson se estima que pueden beneficiarse de una intervención quirúrgica. El CHUS está entre los 8 hospitales acreditados en España para esta técnica. Comenzó en abril del año 2000, y desde entonces efectuó unas 360 operaciones. Los últimos años la cifra está estabilizada en torno a 30 anuales.

«O perfil do paciente que se somete a esta intervención é un home ou unha muller de entre 55 e 60 anos aínda que, nos últimos tempos, aparecen con idades máis precoces, mesmo algún caso xuvenil, e cada vez hai máis doentes que superan os 70 anos», explica Miguel Gelabert, jefe del servicio de neurocirugía, que realiza esta intervención, con motivo de la celebración del día dedicado a este problema de salud. El CHUS dispone de una unidad multidisciplinar para el tratamiento, en la que participan además especialistas de neurología, psicología y neurofisiología.

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