El próximo viernes, dentro de tres días, Nico Casal dará un concierto en el Teatro Principal de Santiago. El hombre está haciendo una gira con motivo de la publicación de su primer disco, Alone.
Quizás algún lector se rascará la cabeza preguntándose dónde escuchó el nombre del artista en cuestión. Porque no se trata de un recién llegado que vuelve a su ciudad de origen, sino del autor de la música del corto Stutterer, que mire usted por donde tuvo a bien ganar un Oscar en el 2016. Casi nada.
Así que Nico Casal, compostelano, con sus padres viviendo aquí -su madre trabaja en la Universidad y su padre es una de esas personas, ahora jubilada, que conocen todos los alumnos salidos de La Salle- se merece el aplauso cerrado de la ciudad. No ya llenar el Principal, que seguro que lo llena porque encima el concierto es gratis (¡Qué manía de la gratuidad, inexistente en los países serios! ¡No hay nada gratis excepto el amor auténtico y la solidaridad!). Tampoco el ser tratado como una figura porque, aunque lo sea, el tipo es ejemplo de humildad y tal cosa le repatearía, sino con cariño. Nico es uno de los nuestros, y a pesar de su juventud ha llegado a guiñarle un ojo a los Oscar y los Oscar a él. ¿Saben qué hizo después de recibir la estatuilla? En sus propias y publicadas palabras, “decidí aprovechar la oportunidad y seguir trabajando al máximo”.
Es decir, tiene toda su carrera musical por delante. Y ha empezado bien. Hartos de quejarnos de que nuestra mejor gente tiene que irse (él vive con un pie en Londres -donde residió seis años- y otro en Madrid), reconozcámosles sus méritos. A este artista y a cualquier compostelano que vuelva a su tierra.