La indecisión sobre el traslado de Medicina lastra a cuatro edificios

Las inversiones en el Clínico, el Gil Casares o las sedes de la facultad están paralizadas


santiago / la voz

«Sen novidade». Así está, para la Universidade de Santiago, el proceso para elegir la ubicación de la Facultad de Medicina. Básicamente, pendiente de un encuentro que no llega entre el rector y la Xunta, una institución clave para toda la operación. Los dos últimos movimientos de la USC han dejado en el alero el futuro de varias infraestructuras académicas y sanitarias, y la indecisión no ayuda. El anterior gobierno de Juan Viaño legó un proyecto encauzado para ubicar la facultad en el actual solar del Gil Casares, cuyos servicios se integrarían en una ampliación del Clínico que asumiría el Sergas. Pero el equipo de Antonio López ha paralizado cualquier movimiento por entender que el presupuesto era temerariamente bajo, lo que avivó las posibilidades de que Medicina se quede en su actual ubicación, sin modificar tampoco el destino del edificio de Entrerríos de Odontoloxía, que es propiedad del Concello.

Este inmueble en menor medida, pero desde luego la centenaria facultad, están muy por debajo de la situación ideal para una institución de referencia como la de Medicina, pero el problema es que tampoco cuentan con un plan director para asumir una reforma a fondo que, de quedarse, sería necesaria.

El Banco do Pobre se pasó una década sin futuro y ahora sufre la inacción de la Policía y Raxoi

El caso de las viviendas de San Ignacio de Loyola, en el entorno del Clínico y conocidas popularmente como el Banco do Pobre es, si cabe, más sangrante. Los propietarios de estos treinta pisos estuvieron diez años amenazados de desalojo porque la nueva facultad se iba a levantar sobre sus terrenos. En ese tiempo fueron muchos los vecinos que desistieron de hacer inversiones en los modestos edificios, y ahora ya hay trece casas cerradas, casi la mitad. El pasado verano, tras el indulto de la piqueta, asumieron por fin el arreglo de los tejados y la pintura exterior con una derrama de cien euros mensuales.

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Mucho peor es el caso del hospital Gil Casares. En el Sergas admiten que la situación de este edificio es complicada, y tampoco existe un plan de inversiones firme porque si la operación con la Universidade sale adelante podría acabar en escombros. Su situación, como denuncian los sindicatos, es deplorable, lejos de los estándares de la sanidad gallega y a pesar de que el pasado verano se hicieron algunas reparaciones, como arreglos de fontanería o la adaptación de nuevo de la unidad de cuidados paliativos. De una y otra forma, «el Gil Casares seguirá dentro del complejo», confirman en la Consellería de Sanidade, que también demanda una decisión firme a la USC para que se pueda plantear la ampliación del Clínico conociendo los recursos disponibles en una parcela que cada vez soporta más presión por la acumulación de servicios. La idea de la Xunta es que el edificio crezca en 15.000 metros, ampliando las áreas de cirugía y consultas.

«Claro que necesita arreglos, el edificio tiene cien años»

 

El decano de Medicina, Julián Álvarez Escudero, asegura que se pondrá «a las órdenes» del rector sobre cualquier decisión que tome, pero admite que el actual edificio necesita «arreglos» porque tiene cien años. «No tenemos ningún problema grave y estamos haciendo mantenimiento, pero hay cosas que se escapan a nuestro presupuesto, y si no tomamos decisiones en un tiempo razonable tendremos dificultades. Yo estoy seguro de que se tomarán y gestionaremos lo que toque», afirma el docente. Con todo, recuerda que la facultad es algo más que «una herramienta vieja, es una institución, con sus alumnos y los profesores, y en ese sentido no estamos tan mal».

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