La reforma de la calle Dublín hace aguas

Como ocurrió con la avenida de Vilagarcía, la obra no convence a vecinos y usuarios


santiago / la voz

Dos han sido las calles reformadas recientemente por el gobierno local de Compostela Aberta (CA) y en ambos casos el resultado no parece convencer a vecinos y usuarios, que tachan de «chapuza» las intervenciones. Ocurrió en el caso de la avenida de Vilagarcía y también ahora en el de la calle Dublín, la que bordea el instituto Antón Fraguas de Fontiñas y conecta con la SC-20 a través del vial Torrente Ballester, por lo que cuenta con un tráfico relativamente intenso.

El Concello ha reformado la calle Dublín con el objetivo de reducir la velocidad en esta vía. Para ello, ha estrechado la calzada central y la ha hecho más sinuosa, con un nuevo trazado que dibuja una ese para obligar a los coches a ir más despacio. Además, para lograr este fin también ha elevado los pasos de peatones.

El resultado es, cuando menos, controvertido y el mal resultado es más que evidente en las pequeñas isletas vegetales a ras de suelo con las que se han separado las zonas de estacionamiento en batería en ambos márgenes. No ha pasado ni un mes desde que se inauguró la obra y ya están todas destrozadas por el paso de las ruedas de vehículos.

El problema se veía venir. Los aparcamientos en batería son demasiado profundos y totalmente verticales con la acera, lo que hace difícil tanto aparcar como salir sin pisar esas zonas verdes. Más aún si se tiene en cuenta que la calzada de doble vía es ahora más estrecha, lo que también hace más peligrosa la incorporación para los coches estacionados. Este fallo de diseño no afecta a las zonas con aparcamiento en línea.

En cuanto al nuevo trazado en forma de ese, la realidad es que no parece resultar efectivo para reducir la velocidad en la vía, un efecto que sí logran los pasos de peatones elevados. Esta medida parece que habría resultado suficiente para lograr el objetivo.

Además, son muchos los vehículos que, ante la dificultad de realizar el trazado con una ese tan pronunciada, optan por hacerlo en línea recta invadiendo el carril contrario, una circunstancia que, nuevamente, no mejora la seguridad de la calle. Más aún cuando sigue sin resolverse el caos diario que se forma a la hora de dejar y recoger a los estudiantes en el instituto, momentos en los que hay decenas de coches aparcados en doble fila y entorpeciendo el tráfico en el peligroso cruce con las calles Lisboa y Londres. En definitiva, la reforma de la calle plantea serias dudas y, lo que es peor, ya es necesario llevar a cabo reparaciones a los pocos días de haberse inaugurado. Sin duda alguna, el Concello tendrá que replantearse, como mínimo, esas isletas vegetales sin alcorque y a ras de asfalto y también sería adecuado reformular la zona de aparcamiento en batería para mejorarla.

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