Talento


Siempre he creído en la suerte. En que hace falta mucha, tanto para lograr los objetivos como para no acabar con todos los sueños truncados. ¿Y el esfuerzo? Ese ya es incuestionable, así que ya no entra en el debate. Pero creo que, además de esforzarse, hay que tener suerte. Esa que te permite estar en el lugar adecuado en el momento oportuno. Estar haciendo prácticas en una empresa en el instante en el que necesitan más empleados, mandar la historia de nuestra vida a una editorial sobre el tema que interesa en el momento, esa grabación doméstica de una canción que se acaba convirtiendo en viral... Pero a la vez que creo en la suerte, también considero esenciales las oportunidades para demostrar el talento. Muchas veces, en este mundo plagado por lo inmediato, el margen es muy escaso para mostrar la valía. El deporte es solo un ejemplo. La joven promesa al que el entrenador le da unos minutos. Un error y ya no habrá una segunda oportunidad de jugar en Primera División. En el mundo de la creación pasa lo mismo. Cuántas veces al ir paseando por la calle no dijimos: «Mira el cuadro tan bonito en ese puesto callejero» o «¡Qué bien canta ese joven!» Por eso, toman mayor importancia iniciativas como las de Andrés Suárez esta noche al dar la oportunidad a Álvaro Iglesias de subirse al escenario para demostrar su talento, de darle un poquito de su público. Porque hay mucho talento que pasa desapercibido, que se queda por el camino en esa falta de oportunidades o de un poco más de paciencia. Y el talento siempre tiene que tener sitio, aunque no esté acompañado de las suficientes estrategias de mercadotecnia.

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