Doble peaje


No hay bolsillo que lo resista. En pocas ciudades los conductores son tan penalizados como en Santiago. Por los peajes y por el precio de los combustibles. Como si el uso del coche fuese más un capricho que una necesidad. Mucho se habla de los agravios de los peajes entre comunidades autónomas, un «castigo» que sufrimos todos los gallegos por nuestra dependencia de la AP-9, servicio caro y pésimo, y que se multiplica para los compostelanos porque no hay forma de comunicarse con el resto del mundo por vías de alta capacidad si no es pagando, ya sea directamente (autopistas del Atlántico y de Ourense hasta Dozón) o «en la sombra» con la solidaridad de todos los gallegos vía impuestos (autovía Santiago-Brión). Y ya veremos si la de Lugo será gratuita cuando por fin se pueda circular en todo su recorrido, casi un cuarto de siglo después de que se abriera el tramo de Lavacolla en el lejano Xacobeo de 1999. Si hubiese una relación directa entre la calidad de los servicios públicos y el precio de los combustibles que los financian -más de la mitad de lo que usted paga son impuestos- los compostelanos viviríamos en un paraíso sin peajes. Pero el céntimo sanitario ni siquiera nos libra de las listas de espera. Nada más pasar O Cebreiro hacia Madrid usted repostará más barato, y si lo hace en gasolineras como las del Manzanal o Urueña, podrá ahorrarse hasta doce euros por llenar el tanque y además las manos no le olerán a combustible. Se nos vende la idea de que incentivando la competencia aquí bajarán los precios. Falso. En el polígono del Tambre no ocurrirá con la nueva gasolinera. Si hay más a repartirse ventas, aumentarán su margen para que no mermen sus ingresos. Pierde usted, sufrido conductor.

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