Futuro pretérito


Es tan distinto a lo que nos habían contado que uno tiene la sensación de que, en realidad, el futuro es un tiempo pretérito. Porque cuanto más avanza el siglo XXI más parecemos alejarnos de las metas conquistadas en las décadas de los sesenta y setenta. Esto viene a cuento del espectáculo que han organizado en Londres esta semana con un holograma de María Callas como protagonista. Los promotores del evento tiran del mismo hilo que los que han puesto a girar al espectro de Roy Orbison por Estados Unidos en una serie de conciertos que, derroche de ingenio, llaman Hologram Tour. Y para el 2019 anuncian que desempolvarán la imagen de Amy Winehouse. Estas manifestaciones están teniendo un eco planetario, y uno no alcanza a comprender el motivo. ¿Es este el estimulante mundo futurista con el que nos habíamos ilusionado? ¿Un holograma? ¿En serio?

Lo cierto es que el balance del tránsito hacia la era espacial es extremadamente magro. El mayor hito robótico que se ha colado en nuestros hogares es ese aspirador circular que recoge migas y atrapa pelusas. El soldado es aplicado en su función, aunque la desempeña con un soniquete marcial que puede llegar a resultar insoportable. Por lo demás, la carrera espacial sigue siendo una cosa del futuro. La luna queda igual de lejos que antes, con la diferencia de que ya no vamos porque la guerra es algo menos fría que entonces y, además, hemos caído en la cuenta de que sale caro. Y la vida en marte sigue siendo la misma canción de Bowie que hace 46 años. Y está bien que así sea, y que las patatas en el planeta rojo sean las que plante Matt Damon en ese cine al que por algo seguimos llamando de ciencia-ficción.

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