Calle discoteca


Usted, amable lector, habrá podido constatar por qué el problema del ruido nocturno difícilmente va a tener solución si no hay una elemental educación, un cambio de actitudes. Es necesario regular los locales de ocio nocturno, claro que sí, en todos sus aspectos, desde el cumplimiento de las más estrictas normativas de seguridad, aforos, insonorización, horarios... hasta las actividades culturales que puedan generar molestias para los vecinos. Este último, la «música ao vivo», es uno de los temas que centran el debate político y ciudadano en Santiago, porque es necesario que se regule de una forma satisfactoria para los usuarios, que somos o podemos ser todos los compostelanos y quienes nos visitan, para los negocios hosteleros, para las gentes de la cultura que viven de ello y, por supuesto, para los vecinos que tienen el sagrado derecho al descanso. Es necesario actualizar el catálogo de actividades vinculado a la nueva Lei de Espectáculos para dar seguridad jurídica a estas manifestaciones culturales, y hasta es posible que el convenio que firmarán el Concello y los pubs sea papel mojado -por cierto, ha valido durante varios años bajo gobiernos de distinto signo- o que solo sirva para la transición estival hacia una solución definitiva. La normalización de la «música ao vivo» debe resolverse cuanto antes y de forma aceptable para todas las partes. Ahora bien, mientras las calles del casco histórico sigan siendo en las madrugadas de los fines de semana -como otrora lo fueron las del Ensanche- lo más parecido a una discoteca al aire libre, ya se podrán bunkerizar los locales con leyes, convenios, catálogos y hasta enmudecerlos a golpe de multas, porque el problema no está ahí. Y no habremos avanzado casi nada.

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