Huelga

Cristóbal Ramírez

SANTIAGO

El derecho a la huelga es sagrado. Bastante sangre ha costado conquistarlo en España y fuera de España. Así que, desde luego, no seré yo quien la cuestione. Pasado mañana cientos de miles -o quizás millones- de mujeres se pondrán en huelga. Cada ciudadana ejerce su derecho, pero el mío -conmigo que no cuenten- es preguntarles contra quién. Porque no se puede hacer huelga contra algo (un terremoto, la proliferación de eucaliptos, las migraciones de las morsas…) sino contra una persona física o jurídica, contra las decisiones de una institución o de un empresario. Lo contrario a lo anterior resulta tan simpático como la manifestación contra la ola de frío que sacudía Europa, inútil prueba de fuerza que tuvo lugar en París hace una veintena larga de años.

Así que el primer paso consiste en identificar con nombre y apellidos al enemigo contra quien se hará huelga el día 8. Porque alguien habló de huelga de úteros (textual), ignorando el firmante si se refería a una huelga de hijos o de qué. Lo que se lee por ahí es que el enemigo a batir es el «machismo» y la «sociedad patriarcal». Pero eso no son personas ni instituciones. Y lo único que se conseguirá es enfrentar a la mitad de la población mundial contra la otra mitad. Seamos serios: la primera batalla a dar es por la auténtica igualdad jurídica.

O sea, leyes iguales para hombres y mujeres, cero discriminación en función del sexo (y de otras cosas, como la altura, peso, raza, procedencia, religión…). Y hasta donde yo sé, en España solo hay dos leyes sexistas: la del divorcio y la llamada «de malos tratos». ¿Quién se anota a luchar para abolirlas? Conozco a algunos hombres que han dado el sí. ¿Alguna mujer?