Sanidad


El frío y el envejecimiento no dan tregua a las urgencias. En realidad no dan tregua a los sistemas de salud. Periódicamente, como vuelve la gripe y las camillas en los pasillos, vuelve también la necesidad de un cambio. En el año 2011, esta que firma escribía lo mismo. Lo decían insistentemente los profesionales hace ya siete años. Los hospitales de agudos no están para atender al paciente crónico; la asistencia a este debe seguir otros cauces; los mayores no deben acumularse en las urgencias, con lo que eso conlleva de incomodidad e incluso descompensación de sus funciones cognitivas...

La realidad es que años después los inviernos se suceden como el día de la marmota. Ha mejorado la toma de conciencia de la población a la hora de hacer un uso racional de las urgencias, pero queda camino; se han implantado programas de atención a la cronicidad, pero faltan recursos; se controla a los enfermos que toman muchos medicamentos y se incide en la importancia de que el usuario conozca su patología, pero queda tanto.

La apuesta por otro modelo que dé solución a miles y miles de mayores para quienes una visita a urgencias conlleva pérdida de autonomía ya llega tarde. Y más vale tarde que nunca, pero no puede demorarse. Para atender al enfermo en su domicilio y dar más herramientas a la atención primaria para que prevenga la descompensación de las enfermedades crónicas de una persona mayor hay que invertir, e invertir supone más dinero, sin duda. Pero analizando cuánto le suponen a la sanidad las largas estancias hospitalarias de estas personas y su bienestar, es una inversión rentable.

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