Las cuentas de la capital, pero no todavía las de la gran capital

A Compostela Aberta le basta su voto favorable para sacar adelante los presupuestos municipales en la semana entrante


santiago / la voz

Las cuentas, horneadas y doradas, recibirán sin falta el visto bueno la semana que entra. Bastará el «si» de Compostela Aberta: en este demorado roscón de Reyes no habrá sorpresa. Lo que muchos no entienden es que, si las cifras realmente están horneadas y doradas, por qué resultan tan indigestas una vez colocadas en el plato presupuestario del 2018. En los comedores escolares hay cuidadores que te obligan a acabar la menestra (sinónimo de infelicidad para muchos niños). En Raxoi sobran copiosas viandas económicas en el mantel presupuestario.

Ese va a ser el argumento primus inter pares del grupo popular cuando las cuentas lleguen al pleno. Seguramente le metan también el diente a la baja ejecución de las partidas los socialistas y nacionalistas. Ambas formaciones han colado un montón de propuestas en el 2018, pero no querrán verlas de nuevo con pátina en el año 2019.

Lo malo para el grupo de gobierno es que, en esta liturgia contable, solo puede prometer, no afirmar. Si garantiza un alto porcentaje de ejecución de partidas, hará el bobo de Coria. Que para consuelo del equipo gobernante, no era tan bobo. El cumplimiento económico surge como una brasa encendida porque en las cuentas del 2018 figuran más obras que en los anteriores ejercicios. En consecuencia, el reto es más agudo. Y de Compostela Aberta depende que no sea al final patibulario. Panorama escénico: debate, intenso; pronósticos, los que se quiera; listón, 32 %; conclusiones, a la vuelta del año.

Las cuentas que van a aprobarse son municipales, no metropolitanas. Podrían serlo a estas alturas con el discurso gran-capitalino de las vísperas del mandato. Quizás es algo prematuro, pero las evidencias indican que el gran Santiago no está suficientemente abonado para que crezca lozano entre rodrigones. Ni siquiera hay rodrigones para sostenerlo. Siguen en los chícharos.

La Gran Capital queda emplazada para la próxima campaña electoral. Primero tienen que asomar los brotes. La resurrección metropolitana quedó pendiente de un hilo del que hoy está tirando el órgano coordinador contraincendios. El parque de bomberos comarcal aflora como el único rescoldo, quizás ya solo pavesa, de una supramunicipalidad poco ganosa, por lo que se ha visto. Tal vez haya que trasladar la sede institucional a Brasilia.

La capital es más capital con 96.456 habitantes. El censo subió 500 vecinos hasta la troposfera demográfica, lejos aún de la anhelada estratosfera (¿estratosfera ?) de los 100.000 habitantes, el sueño de varias noches de verano en Raxoi que nunca se cumplió. Y la simiente de una guerra sin cuartel entre municipios. Mejor retrato es una demografía metropolitana más sana y racional, sin obsesiones, un ánimo de colaboración, mayores aspiraciones supramunicipales y una alianza sólida y estable. A ver cuándo se pinta.

Equiparación

El tamaño importa. A ver si va a ser cierto que la craneometría es un sistema vigente a la hora de calibrar la calidad de la masa encefálica femenina. Y que tienen muy en cuenta determinados empresarios a la hora de elaborar sus nóminas. El valor laboral de las mujeres necesita un listón más bajo que el de los varones, y Santiago no es una salvedad. Por lo que se ve, se queman antes las neuronas femeninas que las masculinas: a partir de los 55 años se dispara el ángulo facial y la diferencia salarial entre hombres y mujeres. La veteranía es un grado, pero la femenina es una desgracia laboral. Lo dice el Instituto Galego de Estadística.

El o/a (ciudadanos/ciudadanas) es un simbólico paso, aunque engorroso, en la globalización humana en la escritura y en el habla. En la traducción económica, menos simbólica y más práctica, el a/o significa igualdad salarial. Equiparar es un verbo enterrado en el mercado laboral de Santiago y Galicia. En contratos fijos y temporales, aunque en muchos, muy precarios, ya no se notan ni las discriminaciones.

Si el diccionario de la RAE todavía incluye (aunque matizada) la acepción de sexo débil, y no hace falta indicar a quién se atribuye, hasta parece justificada la discriminación salarial de las féminas a ojos de quien la aplica.

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