El director invitado, José Rafael Pascual-Vilaplana, reivindicó la importancia de que Compostela cuente con una banda que cumple 170 años: «Es un símbolo de riqueza de una ciudad y, sobre todo, en Santiago, con tanto patrimonio histórico. Es un monumento más de la ciudad».
-En Galicia y en Valencia hay mucha tradición bandística, ¿hay mucha diferencia?
-El origen es bastante parecido, incluso la socialización de las mismas, sobre todo, en las bandas populares. Pero, en los últimos años, en Galicia ha habido un desarrollo más pronunciado que en Valencia. Allí, a veces, la tradición nos impide ir más allá. He visto en Galicia proyectos bandísticos que aún no he visto en mi tierra. En Galicia hubo una progresión mucho más acelerada que en otras ciudades.
- ¿Se le da el valor que tienen?
-No, aún tenemos que trabajar mucho desde las bandas para hacernos ver. Es curioso como todavía hay que convencer de lo obvio. Siempre digo que la mejor forma de convencer de esto es hacer un trabajo tremendamente digno, no ceder, y demostrarlo. Si cambiamos la forma de actuar, ofrecemos otro tipo de programas, lo hacemos en lugares aptos para tocar..., porque no es verdad que las bandas podemos tocar en cualquier sitio. Hay que demostrar a la sociedad que la banda es un elemento de cultura, pero de cultura actual, no solamente de tradición. Aún creo que hay demasiado estereotipo de lo que es una banda, al no conocer su historia, al pensar que siempre vamos a la zaga de la orquesta, cuando somos una identidad totalmente distinta, ni mejor ni peor, sino que podemos ofrecer un producto distinto. Hay que demostrar a la sociedad que con las bandas tiene un elemento de cultura novedoso, virgen y con el que puede descubrir mundos que ni se imagina.
-La Banda de Santiago está ahora muy mermada.
-Por eso digo que hay que convencer de lo obvio. No se puede entender cómo una banda profesional en el 2018 pueda tocar con una estructura mermada. No están exigiendo grandes cosas, sino lo mínimo para hacer su trabajo dignamente. Habría que dotarlas de unas plantillas mínimas, porque hay un gran repertorio que no pueden abordar. La de Santiago es una banda con recursos mermados y con una disponibilidad de los músicos absolutamente entregada. Si la banda hoy está funcionando es por la profesionalidad y la vinculación que los músicos tienen hacia ella. Esa entrega es más motivo para que se les apoye en esas reivindicaciones de tener una plantilla mínima y unas condiciones mínimas exigibles para ofrecer un trabajo con dignidad y con vistas al futuro. Si cumplió 170 años, se puede llegar a los 250 y a los 300 apoyando ese trabajo y esa entrega.