Santiago Futsal

Manuel García Reigosa
M. G. Reigosa EL PERISCOPIO

SANTIAGO

Seis jornadas, un empate y cinco derrotas. El balance del Santiago Futsal no es bueno.

Si los pequeños detalles hubiesen estado de su parte, probablemente la situación fuese muy distinta. Porque se le escapó un partido que tenía dominado al descanso en Gran Canaria, el que más dolió. Y en las dos últimas citas en casa, frente al Aspil Navarra y el Santa Coloma, también pudo haber conseguido algo más, arbitrajes aparte, porque pesaron más los errores propios que los de los colegiados.

Podrá perder partidos, pero mientras el Santiago Futsal no pierda su identidad va a tener a la afición a su lado. Se lo demostró el viernes, con el reconocimiento a la conclusión de la contienda, después de una primera mitad irreconocible. El equipo no se resignó y, sin estar bien, casi logra equilibrar el marcador en los últimos noventa segundos. Ese es el sello.

Este Santiago Futsal, antes Lobelle, va por su decimoquinto curso seguido en la máxima categoría. Solo el Inter Movistar, el ElPozo Murcia y el Magna Navarra suman más campañas consecutivas en la cima. En las épocas pudientes fue capaz de ganar la Copa de España más cara de la historia. En las intermedias conquistó la Supercopa. Pero ha sido en los momentos más duros, incluso sin dinero en caja, con grave riesgo de desaparición del club, cuando el equipo ha firmado sus mayores gestas. Aquella victoria in extremis en Santa Coloma y la que consiguió en Sar frente al Jaén, con el acta de defunción a la espera de firma, valen mucho más que tres puntos.

En el proyecto de este año hay jugadores que podrían ganar más dinero en otros destinos, y no solo Catela. Y la directiva no escatima esfuerzos en busca de la viabilidad. Los resultados no terminan de llegar, pero la ética de trabajo es la de siempre. El compromiso también. Y, sobre esa base, las cosas podrán ir mejor o peor, pero el Santiago Futsal nunca perderá su identidad ni su capacidad de avanzar río arriba, contracorriente.