Fronteras

Susana Luaña Louzao
Susana Luaña EL MIRADOR

SANTIAGO

19 oct 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

El ginkgo biloba talado hace unos días en el parque de Fonseca es una especie procedente de China que fue introducida en Europa en aquellos tiempos en los que las semillas se recogían cuidadosamente de sus tierras de origen para ser plantadas en jardines botánicos que se convirtieron, con el tiempo, en paraísos de la flora universal. Hoy, el ginkgo biloba se puede encontrar en invernaderos y crecer en cualquier jardín privado de cualquier lugar del mundo. El plumero de la pampa o la uña de gato, esa planta de llamativas flores que admirábamos de pequeños en las playas sin saber que eran especies invasoras, proliferan en cualquier carretera o en arenales costeros en una guerra abierta contra las campañas de erradicación. El eucalipto, amo y señor de todos los montes gallegos, procede de Australia. Pero no todo lo que llega de fuera es perjudicial. Las «patacas e cebolas», sin ir más lejos, provienen de Sudamérica las primeras, y de Asia central las segundas, y hoy nadie puede concebir un exquisito plato gallego sin alguno de esos dos ingredientes. Nuestras queridas mascotas son atacadas en los últimos tiempos por plagas propias de Levante que antes ni de lejos osaban molestar a un can de palleiro. Y cada vez es más habitual encontrar en nuestros ríos y estanques especies animales que nuestros abuelos jamás habían visto y que fueron transportadas hasta la vieja Gallaecia para ser comercializadas, o bien llegaron en aguas de lastre de los barcos o pegadas a sus cascos.

Los mismos hombres que con sus movimientos migratorios abrieron fronteras a la naturaleza tratan hoy en día de marcar territorio entre individuos de su propia especie.