Un afectado: «Cando colles un voo desta compañía pódeche pasar calquera cousa»


El último incidente provocado por Ryanair en el aeropuerto Rosalía de Castro se produjo ayer mismo en el vuelo que debería haber partido a las 6.45 horas con destino a Madrid. Sin embargo, no lo hizo hasta la una y once de la tarde, más de seis horas después de lo programado. Uno de los cien pasajeros que se quedaron atrapados en Lavacolla fue el conocido editor Quique Alvarellos, que llegó al aeródromo a las seis de la mañana con la intención de acudir a la inauguración de la Feria Internacional del Libro, Liber, donde tenía varias reuniones de trabajo. La mayoría de ellas las perdió.

Nada más llegar a la terminal, comprobó que en el panel informativo ya advertía de que había un retraso y que la nueva hora de salida eran las 10.20. «A medida que ía acercándose a hora, abriron a porta para embarcar e a xente empezou a entrar polo corredor cara o finger, pero de repente vemos que dá volta a xente e cando lle preguntamos aos rapaces da compañía, que os pobres non se decataban de nada, nos dixeron que aínda non se podía pasar», explica Alvarellos.

La primera excusa que recibieron los pasajeros es que el retraso se debía a «problemas de rotación». Una etérea explicación que se tornó más concreta cuando el avión tomó tierra en Lavacolla. En ese momento, el argumento con el que se justificaba el nuevo retraso era que el piloto estaba indispuesto. «Nese momento apareceu na pantalla de información que a nova hora de saída eran as 12.45 horas», señala el afectado.

En todo ese tiempo, la compañía les ofreció pocas explicaciones y un bono de cinco euros a la mañana para tomar un café y otro de idéntico importe a mediodía. «Por fin, nos chamaron e aquí estamos», aseguraba Quique Alvarellos una vez aterrizado en Madrid pasadas las 14 horas.

Él no llegó a buena parte de las reuniones que tenía previstas, pero fue peor para muchos otros pasajeros, sobre todo peregrinos extranjeros, que perdieron sus vuelos de enlace, con el sobrecoste que ello supone. Pese a ello, los afectados mantuvieron la calma porque entendían que el personal no era el culpable de la situación. «Nos deron un papeliño para reclamar, aínda que non nos explicaron moito», se queja. Alvarellos tiene pensado asesorarse para ver qué derechos le asisten. «Ryanair, que todos os comentarios que temos é que percibe moitas axudas, moitas subvencións, ten unha maneira trapalleira de voar e de tratarnos. A verdade é que cando colles un voo desta compañía pódeche pasar calquera cousa», se lamenta el editor compostelano.

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