Atados en corto

Tamara Montero
Tamara Montero CUATRO VERDADES

SANTIAGO

P uede que no lo parezca. No, la verdad es que no, no lo parece. Nadie lo diría, pero es otoño. Aunque las camisetas de manga corta. Aunque los calores desde las ocho. Aunque el tiempo ahora sí, está claro, ahora sí que se ha vuelto loco. Porque en la Plaza de Abastos resisten los últimos tomates de un intenso rojo y se retrasan las nabizas de cedo. Y si uno se fija en Compostela empieza a caer tímidamente alguna hoja. Y los días ya no son tan largos. Así que el cuerpo pide cortos. Meterse en una sala oscura y mirar, no dejar de mirar nunca. Y dejar que el universo entre a borbotones de luz por los ojos.

En la première del otoño compostelano, la alfombra roja ha sido para este año para Peter Greenaway, un sombrerero loco. Un genio con pelo blanco, traje de rayas y argumentos que son de todo excepto ortodoxos. Electriza Curtocircuíto el ambiente cinéfilo compostelano. Que pide más. Porque nunca se conforma con poco. Y una ciudad entera contiene la respiración, esperando a que llegue noviembre. Esperando a que arrecie el invierno.

Cuando el frío ya cala -quizá este año no. Recuerden, se están retrasando las nabizas de cedo- en las losas de Santiago se hace un llamamiento. Cineuropa, escriben con luz en la Rúa Nova. Cineuropa, susurran los compostelanos con un brillo en la mirada. Cineuropa. Elegir las películas. Comprar los abonos. Abrigarse bien y hacer la cola. Y tras el empacho, emitir el voto. Qué mejor plan cuando los días son pequeños. Cuando hace frío y la lluvia empieza a ser una pesadilla. Cine. Y más cine. Y otro poco. Y tener los proyectores bien cerca. Atados en corto.