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Cristóbal Ramírez

SANTIAGO

Uno de los pequeños ‘peligros' de vivir en Santiago o en su comarca es que se pierde la perspectiva. El imán es tan fuerte que atrae a gentes de toda clase y condición, como se decía en tiempos pasados. Y de Islandia a Sudáfrica y de Canadá a Japón. Y no son ejemplos retóricos. ¡Hasta una india y una iraní, por separado, peregrinaron este verano por el Camino Inglés!

Esa auténtica borrachera social, idiomática y turística hace que muchas veces se pierda la perspectiva. Porque, por suerte, Galicia es algo más que el Obradoiro y el Camino. Pero no cabe duda que la capital y las multitudinarias peregrinaciones producen un efecto ocultación.

Consecuencia: otros enclaves quedan algo arrinconados en una zona gris. ¡Claro que todo el mundo señala correctamente en un mapa la Ribeira Sacra! Pero, ¿va allí? ¿La ‘vende’? ¿Puede explicar en qué estado se encuentra el expediente de declaración de patrimonio de la humanidad? ¿Y qué pasa con esa innecesaria autovía que se va a llevar una parte, pequeña pero valiosa, por delante si los vecinos no se movilizan como ya se movilizaron hace tiempo?

Sin embargo, y por si acaso, mejor disfrutar ahora de esa comarca vitivinícola mitad lucense, mitad ourensana. Y mejor aún si se lleva en el coche la reedición de “A Ribeira Sacra. Guía práctica” (Xerais) de mi amigo Manolo Garrido, un tipo detalloso que le dio una gran vuelta a la que publicó en el 2008 (no está nada mal haber vendido 4.500 ejemplares en este país). Por cierto, los forasteros carecen de disculpa: la publicó en castellano.

Añadido final: en este septiembre tiene lugar la vendimia. Una buena razón para llegarse allá cualquier día.