Sobre mojado


La tromba de agua que en diez minutos de la tarde del pasado lunes puso patas arriba el Polígono del Tambre y otras zonas urbanas de Compostela es un aviso definitivo para el gobierno local, que no puede seguir demorando las soluciones a un problema reiterado año tras año. Este otoño que está a la puerta volverá a caer, no sé si la «tormenta perfecta» como la definió el edil Xan Duro con un argumentario que sonó más a excusa de quien es sorprendido con los deberes sin hacer, pero sí caerán, seguro, las precipitaciones suficientes para provocar nuevos desbordamientos achacables a unas pésimas infraestructuras mucho más que a la responsabilidad de los propietarios de inmuebles de mantener limpias sus parcelas para que la basura no ciegue los sumideros. Sí, eso dijo el concejal frente al dantesco episodio del Tambre. Que se lo explique a los empresarios de la vía Edison que vienen sufriendo con reiteración graves quebrantos en su actividad con el agua hasta las rodillas. O a los de la rúa do Olvido, convertidos los locales y viviendas en penosos muros de contención del agua que arrolla desde el parque de Belvís, cuyas canalizaciones son, obviamente, responsabilidad directa del Concello. O a los del Franco, no solo a los sufridores del bar O Portón, hartos ya de escuchar cuentos chinos y no tener soluciones. El gobierno local tomó nota de las inundaciones del otoño del 2015 y trazó una hoja de ruta con una veintena de puntos negros de intervención prioritaria. Hágase sin demora, porque ocurrirá otra vez y ni Duro ni nadie podrán volver a hablar de «tormenta perfecta»: entonces ya no sonará a boba excusa, será cachondeo.

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