De partos y madres

Elisa Álvarez González
Elisa Álvarez CON BISTURÍ

SANTIAGO

Mientras una parte de España pone el grito en el cielo porque Samanta Villar ha descubierto las dificultades de la maternidad para poder vender su libro, y otra media España la defiende a capa y espada porque ha revelado lo que ¿ninguna madre sabía?, un tribunal italiano acaba de retirar la custodia de una niña a una pareja por considerar que son demasiado mayores para cuidarla. Y para rizar el rizo de esta rocambolesca historia está el caso de Burgos, donde una madre de 64 años acaba de dar a luz a gemelos después de que los servicios sociales le retirasen años antes la custodia de su hija mayor.

En toda esta sinrazón nadie ha cuestionado que un profesional haya aceptado a golpe de talonario hacer una fecundación in vitro a una mujer de 64 años. Y otro que lo haya hecho a una mujer gallega de 62 años. Profesionales con código deontológico y juramento hipocrático.

Y tampoco hay leyes que digan que si el abuelete forrado de 70 años embaraza, viagra mediante y en una noche de suerte, a su novia de 20 años se le retire la custodia. Porque sí, en este caso la criatura siempre tendría a su madre pero, ¿valdría entonces que la madre de 64 tuviese a una pareja de 25 para permitir la fecundación? ¿Dónde está escrito la edad máxima de ella y la edad máxima de él? ¿Y la mínima? ¿Y la diferencia entre los miembros de la pareja? ¿No sería más coherente legislar una edad máxima para los procesos de reproducción asistida, y en el resto de los casos velar por la seguridad del menor, ya que al final, nadie nos pide un carné para ser padres?