Una vuelta por la Casa Real para continuar la obra de Compostela

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la voz/ santiago

Concluyó la quincena más institucional de Martiño Noriega. Solo le faltó dejarse caer por el despacho del compostelano Mariano Rajoy para completar el trío de audiencias claves en Galicia y Madrid. Más que audiencias, interlocuciones, porque ambas partes tenían que decir. Por la cantidad de documentación que se llevó a los despachos real y autonómico, el regidor dijo lo suyo.

Resulta singular el estrechamiento de manos entre el rey y el alcalde, cuando la primera tinta polémica vertida en este mandato municipal se derramó por ahí. Es de suponer que Felipe VI y Martiño lo comentarían como agua pasada, o incluso presente, pero que no moverá el molino de la ofrenda catedralicia. El monarca sabe que Noriega no está en la nómina de «templarios» y lo asume sin exhibir un tono aspaventero o un colon irritable.

La reunión fue «cordialísima», en palabras del interlocutor compostelano. Felipe VI conoce de polo a polo la pajarería política del país, las siglas encorbatadas y las descamisadas, las boinas y los birretes. Departe amigablemente sin prejuicios ideológicos y concede institucionalmente sin prejuicios ideológicos, acudan o no a los templos a representarle. Lo que le va a conceder a la ciudad es la reunión del Real Patronato con una ristra de compromisos tasados. «Hace falta que el Rey se dé una vuelta por aquí, y la dará», era el título de la Lúa do Vilar del 17-7-2016, en la que se indicaba que «el Patronato tiene un hueco seguro en la agenda real». Y lo tendrá.

El rey captó el mensaje institucional y lo desovilló institucionalmente con Noriega durante hora y cuarto. Felipe VI conoce la simbología de Santiago como camino europeo de unidad en una Europa que amenaza con resquebrajarse. Y conoce también que la ciudad, con sus fondos propios, no llegaría ni a la suela de los retos.

El aval de la Zarzuela es clave. Si alguien considera que el rey despacha en plan florero con un espaldarazo medieval protocolario, puede que se equivoque. Felipe González y Aznar no actuaron por capricho, sino porque les llegó el mensaje institucional. Las cosas de palacio circulan entre palacios. La institucionalidad emanada del Patronato real transformó Compostela.

Buenas bazas

La carpeta de proyectos es nutrida y necesita ese huelgo económico de los viejos tiempos, el que se desinfló en el 2008 y luego se estancó entre los lamentos de la bancada compostelana. Al evocar la época económica florida, a las puertas de la primavera, pueden ir haciendo boca las administraciones. Y a ver si va la vencida y logran eliminar ese cableado que pretende, por viejo, integrarse en el casco antiguo.

La reunión de Noriega con el presidente de la Xunta obvió una de las iniciativas que viajaron a San Caetano solo con billete de ida: la tasa turística. Se desprendió por una buena temporada de la carpeta común Feijoo-Noriega. Ese naipe quedó excluido del juego, pero sobre el tapete han surgido excelentes bazas para la ciudad. De traducirse en hechos, la fisonomía de Compostela, que es la capitalina, variará para bien.

Eso sucederá si las piezas de los dos discursos aunados engranan bien, y sin chirridos ideológicos que puedan terminar quebrando el mecanismo. Tras la cita de San Caetano se ha escuchado una voz clave: leal colaboración. Por ese camino quince proyectos mejorarán la ciudad e incrementarán el valor de la capitalidad. Quince iniciativas saludables y alguna más que no salió del tintero. Y debió salir.

Pero la colaboración leal de las dos principales casas administrativas de la ciudad no será suficiente en algunos casos para atornillar algunas de esas propuestas. Por ejemplo, las que tienen cuño estatal como los enlaces de la AP-9 o la depuradora de presuntamente O Souto. Engrasar esa colaboración ya requiere un «todo en uno» bien solvente.

No hay que viajar lejos para concordar proyectos como por ejemplo la Facultade de Medicina, en donde varias manos se disponen a moldear el diseño y sus circunstancias. En ambos tienen voz y voto el Concello, la Universidade y la Xunta. Culminar la misión exige dar pasos concertados para encajar tanto el proyecto como sus circunstancias.

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