Normalidad


Poco tenía que hablar Martiño Noriega en el pleno de los presupuestos porque el guion había quedado escrito en los días anteriores a tres manos: las suyas, las de Rubén Cela y las de Paco Reyes. Y de lo poco que habló, es significativa, por lo que puede tener de premonitoria, una frase: son los presupuestos de la «normalización da vida institucional». Es cierto, mucho han cambiado las cosas desde hace un año en las relaciones entre los grupos políticos municipales. Compostela Aberta, que algo ha aprendido de la diferencia entre hacer política en la calle y al frente del Concello, ha acometido un esfuerzo real de negociación y de cesiones, y ha sido correspondido, aunque en distinta medida, por el BNG y el PSOE. Se vislumbra una etapa central del mandato relativamente tranquila para Noriega, ya que a Rubén Cela el único paso que le queda por dar en sus afinidades -y que no dará- es la entrada en el gobierno; y Paco Reyes, si quiere ser consecuente, tendrá que medir mucho esas discordancias a las que no pocas veces ha conseguido sacarle quilates de rentabilidad. Normalización que incluye al PP, por supuesto. Pero en la oposición frontal al gobierno. Se ha quejado Agustín Hernández con razón de que su grupo ha sido marginado en la negociación previa. Eso no es normalidad institucional. Sí lo es que la oposición ejerza su papel, dialogando y negociando primero, votando lo que le parezca después, y fiscalizando siempre la acción del gobierno. Ni BNG ni mucho menos el PSOE han dado un cheque en blanco a Noriega, pero la oposición -dura y constructiva, seguro- será del PP. Hernández, solo. Y sin puentes con los socialistas.

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