Aficiones y presupuestos


En octubre del 2011, en la antesala de la visita del Manresa a Sar, Miki Feliu, que logró el ascenso a la ACB con los dos equipos, reflexionaba sobre ambas entidades: «Manresa sin baloncesto no sería tan conocida. Y el Obradoiro es baloncesto de siempre. No concibo ninguna de estas dos ciudades sin sus equipos. Y pueden presumir de tener dos de las aficiones más entendidas». Acto seguido recordaba el derbi contra el Breogán: «Cuando íbamos catorce o quince abajo y la gente empezó a empujar... fue algo increíble». Y barruntaba que, con el paso del tiempo, si el club conseguía asentarse en la élite, probablemente se volvería «más exigente».

Lo cierto es que, desde entonces, Sar ha vivido temporadas dulces, como la del play off. Otras tibias. Y algunas complicadas, como aquella 11/12 o la pasada, en las que el equipo sufrió para conservar la categoría. Y no ha bajado el compromiso.

La afición del Manresa, con más tiempo en la ACB, también las ha vivido de todos los colores. Incluso sabe lo que es ganar la Liga, en el año de Creus, Sallier y Alston. En el curso 11/12 sumó 15 triunfos. Pero en sus filas estaban Hanga, Doellman, Landry, Asselin y Javi Rodríguez. Lleva dos años salvándose en la última jornada. Hace tres, no bajó porque no hubo ascensos. Suelen mandar los presupuestos.

Pero en Sar y en el Nou Congost las aficiones mantienen su fidelidad, por encima de los presupuestos y más allá de los resultados. Las dos se merecen plaza en la ACB. Y esta tarde el Obradoiro tiene la ventaja de que juega en casa.

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