Cojín berlinés

Xurxo Melchor
Xurxo Melchor ENTRE LÍNEAS

SANTIAGO

Imagine un mundo sin radares. Sin guardias civiles agazapados en las autovías para cazarle. Un mundo sin cámaras en las carreteras. Sin helicópteros vigilantes desde las inexpugnables alturas. Imagine un mundo con calles sin badenes peñazo que te destrozan el coche. Sin pasos de peatones elevados que te suben y te bajan como un tiovivo y de paso te rayan la panza del coche o te chascan los amortiguadores. Imagine, porque ese mundo no existe. Vivimos en este otro, el nuestro. Ese en el que palabras como respeto, civismo o simplemente educación son casi quimeras. En un mundo en el que cada día vemos a un conductor hablar y hasta wasapear al volante, poniéndose y poniéndonos en riesgo. Un mundo lleno de buenos chicos que se transforman en monstruos al subirse al coche. Que beben y se drogan sin pensar en las consecuencias. Y que vuelven a casa con papá y mamá haciendo rali. A veces no llegan. A veces, por su culpa, otros tampoco. No nos engañemos. En este mundo nos hacen falta los guardias civiles, los radares y los helicópteros. Y también los badenes. Por desgracia. Los de Clara Campoamor, que son del tipo cojín berlinés, se instalaron porque en esta calle había todas las semanas accidentes. Casi todos salidas de vía por exceso de velocidad. Son un mal evidente, pero un mal menor. Una respuesta realista a un mundo poblado por insensatos como usted y como yo que a la mínima que nos dan confianza nos saltamos todas las normas posibles. A mí no me gustan los badenes. Ni estos tan pijos como el cojín berlinés. Pero menos me gusta en lo que usted y yo nos convertimos al volante.