El desorbitado umbral de los 3,5 millones de viajeros al año no es el único requisito que el Ministerio de Fomento plantea para la ejecución del proyecto de la intermodal en Santiago. Sí se trata, en todo caso, de un condicionante singular, porque no entra en juego en otras ciudades que negocian sus nuevas estaciones para recibir la alta velocidad, como Ourense y A Coruña.
Pero a este agravio hay que añadir que al Concello de Ourense no se le reclama un euro para la intermodal que diseñó Norman Foster, mientras que Santiago deberá abonar el 30 % del coste de la pasarela peatonal. Aunque los peajes no acaban ahí. El proyecto compostelano es el más barato, con un coste estimado de 57 millones, frente a los 100 de la intermodal de Ourense y los 93 de Vigo, a mayores de los 126 invertidos en la reforma de la estación de Urzaiz.