Despoblados


De año en año la comarca pierde población, y eso obligará a replantearse muchos servicios hoy necesarios que quizás a la vuelta de la esquina ya no lo sean tanto. Es decir, deshacer lo que todavía no está hecho. Piensen, por ejemplo, en la red de transporte público. Los actuales gobernantes saben que tienen una asignatura pendiente con los vecinos de las zonas rurales que están aislados, de ahí que la Xunta haya pensado en ese diseño de buses a la carta, según demanda. No es una mala idea, pero podría ocurrir que algunas de esas aldeas en las que hoy viven sobre todo mayores se queden vacías dentro de diez años, cuando sus lugareños hayan fallecido y ninguno de sus nietos las habite. Pasa lo mismo con las guarderías. Algunas que hoy todavía son un plano en el papel podrían no tener niños que acoger a los pocos años de ser inauguradas. Y con los geriátricos, más de lo mismo. Harán falta servicios para la tercera edad, que para entonces ya será la cuarta o la quinta. Pero esos ancianos se van a concentrar en los pocos grandes núcleos de población que tiene la comarca. En muchos casos vivirán solos en pequeños pisos, lo que obligará a replantearse la red de servicios sociales.

Es difícil adelantarse a lo que pueda deparar el futuro. Lo único cierto es que el problema demográfico y el envejecimiento es uno de los grandes retos a los que se enfrenta Galicia. Regalar cochinillos, organizar caravanas de mujeres o ceder casas vacías, como ya se hizo, no parecen soluciones de grandes recorridos. Quizás creando empleo, abriendo fábricas, siendo competitivos... Pero hablábamos de población, no de paro. ¿O no?

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