El libre mercado, por muy libre albedrío que ostente, necesita respiraderos. Puede ahogar lo que encuentra delante si los excesos se cuelan y el equilibrio se fuga. No es buen consejero el dejar hacer y que la ciudad se apañe. En esta columna se ha apelado al buen sentido y al tránsito con aceras, sin dejar toda la calzada para las ideas fijas mercantiles, pues pueden causar atropellos.
Hace poco Paco Dosaula, baloncestista catalán afincado en Compostela, y compostelano de corazón, le imploraba a los ciudadanos de Santiago que no se dejasen llevar por el canto de sirena del turismo para no estrellarse contra las rocas. No se trata de atarse a un palo como Ulises, que además se puede romper si es un viejo poste de Fenosa, ya que los visitantes son los que amamantan la principal industria capitalina. Pero una cosa es nutrirse y otra empacharse y poner en jaque la salud.
El mensaje que Dosaula le transmitió al cronista parte de la fisonomía irreconocible del área de la Sagrada Familia en la que habitan sus padres: la zampó el turismo, que dejó apilados en otros pagos los huesos de los residentes.
Las redes que atrapan al turista en Compostela surgen de distintos frentes, y las últimas modas de hospedería se hospedan, a su vez, en nuestro entorno más preciado. Y alojan la semilla del temido parque temático. ¿Temido? Se pueden situar taquillas en los accesos y sacarle provecho. Pero la Xunta acaba de decir que no, que hay mejores recintos para un parque de ese tipo, y que el casco viejo es una ciudad con vecinos, vida, empresas, historia, colorido y turismo.
No es un ámbito para gente febril agarrada al máximo lucro de su vivienda, y que sabe bien donde está hoy ese lucro, tanto en los bajos como en las alturas. Ese amarre lucrativo cocea al residente, junto a otras circunstancias que los técnicos remueven en la olla del Plan Especial (PE).
Con los expertos que se sientan a la mesa del PE, y sensibles a su problemática, seguro que el documento no será una criatura nociva. Por el contrario, le dará alas a un casco viejo unido por la tradición y la modernidad. Y con unos usos dialogantes y no beligerantes, que hagan migas con el turismo y con el vecindario.
Desbordamiento
Alentar el mercado al grito de Viva la Pepa no atiende al sentido común, sino que conduce a la triste experiencia que relata Dosaula. La Xunta ha sabido entenderlo. Es su capital gallega y administrativa, aunque a veces (dejémoslo en ese piadoso «a veces») no plasme ese espíritu capitalino en los presupuestos autonómicos. Sí ha sabido reflejar la idea de que si el turismo se desborda, hay que encauzarlo con xeito, y las administraciones están para eso, y no solo para rebachear las descalabradas rúas.
El equilibrio, la medida, son los amigos más fieles del buen hacer y no del dejar hacer, con las compuertas del casco histórico resquebrajándose y las llaves de las viviendas guardadas en los cajones. ¿Suena a demagogia? Es posible. A ver lo que dicen los redactores del Plan Especial, bajo el enfoque que les acaba de mostrar la Xunta. No tardaremos en descubrirlo, al menos en un primer boceto, porque los trabajos ya tienen un camino andado y el avance está a la vista.
El criterio de Jorge Duarte, puesto en solfa por distintos estamentos de la parroquia compostelana, y que él defendió contra viento y a favor de marea, no era desatinado. El edil, con ese barullo capilar con el que Dios le techó, incluso se quedó corto, a juicio de las instancias autonómicas. La Xunta pide más.
Con opiniones no del todo coincidentes, el gremio del hospedaje apeló a la libertad del mercado, sin limitaciones, y dio valimiento a la planta hotelera de la ciudad. Es una planta para el verano, pero no resistente al frío invernal. La Asociación de Hospedaxe dice que no sobran hoteles sino que faltan iniciativas para cubrir los largos meses de piedra. Ciertamente, se puede echar buen abono festivo-cultural a los meses díscolos, pero actos de solvencia requieren un erario solvente. Todo el año. Oh, Dios, no para de ayear Marta Lois.
Hoteles, comercio, hostelería y residentes, en buena vecindad. No es un mensaje navideño.