¡Mamá, hoy comí chorizo!

Emma Araújo A CONTRALUZ

SANTIAGO

Hay historias que se cuentan solas y que con una simple frase dicen más que con mil imágenes e infinitas palabras. La exclamación de un niño feliz porque en el plato de comida del colegio le tocó un trozo de chorizo, justo después de unas cuantas horas de clase y una buena dosis de juegos de recreo, lo dice todo. Y que la comida de unos niños cuyos estómagos necesitan mucha educación para alimentar a futuros adultos saludables viaje decenas de kilómetros antes de adornar su plato, mientras a escasos metros un menú recién cocinado acaba en la basura, evidencia que el sentido común no camina de la mano de una buena gestión de esos recursos que día a día nos recuerdan que son muy escasos.

Mientras el Sergas nos bombardea con la pirámide alimenticia, con lo saludable que resulta comer productos frescos y evitar las fritangas, resulta que en el departamento de al lado el mensaje es el contrario. Y si ya escondido en el huidizo trocito de chorizo emerge un trozo de plástico que puede atragantar a cualquiera, la cuadratura del círculo de la inoperancia está servida. No es que tenga mucha gracia, pero que situaciones como esta se produzcan en un colegio de educación infantil de Brión, en pleno Val da Maía, una de las mejores huertas de Compostela, tiene cierta guasa, si no fuese porque, como se suele decir en estos casos, estamos jugando con las cosas de comer.

Será que todo tiene una explicación, como aquel argumento de que cuando se te da por ir al hospital para que te operen, resulta que la comida, aunque sea del Cunqueiro, no está incluida.