14 oct 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

A todos nos gusta al levantarnos por la mañana ver las calles limpias. El mal olor de bolsas de basura acumuladas fuera de los contenedores o residuos esparcidos desesperan, convirtiendo el paseo más corto en una carrera de obstáculos para evitar pisarlos. Es difícil de entender que se sigan manteniendo estas conductas. Por eso a alguno no le vendría mal tener que pagar una multa, esas que acaba de anunciar el Concello de Santiago. Quizás sea una buena forma de recordar que las calles son de todos y que, si en su casa no quiere malos olores ni tira sus residuos por el suelo, tampoco los demás tienen que padecerlos en la calle por su culpa. Y hablando de malos olores, es completamente incomprensible que en pleno casco urbano compostelano siga habiendo algunas zonas en las que haya que pasar con la nariz tapada o cambiar de acera porque es un punto frecuente en el que la gente hace sus necesidades, como sucedía hace unos días en plena calle Montero Ríos. Ya bueno que la lluvia de estas últimas jornadas ha contribuido a limpiar un poco. Pero hay más: los excrementos de los perros. De nada sirven los múltiples recordatorios a los dueños de que deben recogerlos. Como no vayas atento, es probable que acabes con alguno de tus zapatos manchado. Lo que enfada más es el comportamiento de alguno de estos dueños incívicos, que miran para uno y otro lado para valorar si alguien los está observando; si consideran que nadie los ha visto, continúan sin preocuparse lo más mínimo. Lo malo es que esta actitud nos lleve a generalizar, cuando hay otros muchos propietarios que salen con su bolsa cada vez que dan un paseo con su mascota. Vamos, que aún tenemos mucho trabajo por hacer en materia de limpieza.