Septiembre

Xurxo Melchor
Xurxo Melchor ENTRE LÍNEAS

SANTIAGO

Ya es septiembre, pero al contrario que en la célebre y mítica canción de Los Enemigos con la que tantas veces me he desgañitado, yo sí voy a estar. Puede seguir leyendo tranquilo, querido lector, porque no voy a soltarle ninguna turra postvacacional sobre lo dura que se hace la vuelta, el bajón que da volver al choio y la terrible y empinada cuesta que supone la vuelta a la realidad. No. A mí ni me pasa ni jamás me han pasado tales cosas. Llámeme loco, pero por muy bien que se esté de vacaciones, que se está, para mí el descanso es auténticamente bueno si llega el momento en el que hasta apetece volver. Y a mí siempre me apetece. Todos los años. Y más si volver es volver a Galicia. A Santiago. A sus calles que son un espectáculo que por cotidiano hasta desdeñamos. A su mar, que no es otro que el de Arousa, que nada tiene que envidiar a las más idílicas costas. Deshabituados en agosto los ojos al paraíso en el que pululamos, septiembre es el mes en el que más pura e imparcial tenemos la mirada para escrutar este maravilloso entorno que es nuestro lugar en la Tierra. El viaje abre siempre la mente y los ojos, pero no solo para admirar otros países, otras culturas y otras gentes, sino también para apreciar más lo nuestro. Porque mientras nosotros hemos ido más o menos lejos para descansar, otros cientos de miles han hecho el recorrido inverso para pasar aquí, en Santiago y en Galicia, sus días de vacaciones. Por algo será. Es vital fijar bien claros en la memoria estos sentimientos, este subidón patrio, para no dimitir de galaico cuando en noviembre el sol se desvanezca entre la lluvia y el cielo caiga sobre nosotros. Ese será el auténtico retorno.