Más días para las letras y los libros


«Importa más el pelo de Sergio Ramos que mi récord de natación». Las palabras son de la deportista Mireia Belmonte hace ya algún tiempo. A priori, poco tienen que ver con los libros, pero me imagino que algo semejante puede estar pensando el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa en estos momentos cuando, para una parte del público, ha pasado a ser la pareja de Isabel Preysler y su portada en la revista Hola provocó más comentarios que la publicación de su último libro. Y quizás por estos motivos siempre congratule observar como en estos días los libros y escritores, en este caso con Manuel María como referente, se convierten en protagonistas por ellos mismos y centran gran parte de la atención de agentes sociales de diferentes ámbitos, desde la administración hasta las empresas privadas pasando por colectivos. De esta forma, quizás muchos estén descubriendo ahora al poeta, pero también a la persona comprometida. Precisamente, la primera vez que coincidí en persona con él fue en un acto reivindicativo para la retirada de una línea de alta tensión en Merza (Vila de Cruces) hace dieciséis años y en el que también se recordaba a Uxío Novoneyra con la presencia de destacados representantes de la cultura gallega, entre ellos, el gaiteiro Carlos Núñez. Anteayer, la viuda de Manuel María, Saleta Goi, mientras recorría la exposición sobre el escritor en el instituto Rosalía de Castro, comentaba su deseo de que esta sirviera para que algunos de los versos recogidos fueran calando en las generaciones más jóvenes. Por eso, a veces, necesitamos efemérides para rescatar algún libro o para recordar la riqueza de nuestra cultura. Lo malo es que se acabe convirtiendo solo en una cuestión de fechas señaladas. De pasar de llenar la agenda con multitud de actos -tanto que es imposible intentar acudir solamente a la mitad de los previstos los próximos días-, a quedar vacía. Porque, ¿qué pasará a partir del 17 de mayo? No hace falta ser adivino. De Manuel María se hablará solo en foros y ámbitos muy puntuales más allá de alguna actividad que tenga continuidad y los paneles de las exposiciones pasarán a formar parte del baúl de recuerdos que no encontrarán rescatador. Sucede todos los años, ¿por qué tendría que ser en esta ocasión diferente? Y eso es lo lamentable: que las letras sean solo de un día, como si también tuvieran una fecha de caducidad. Es necesario que esa unanimidad a la hora de generar actos para conmemorar el Día das Letras Galegas se extienda más allá del día 17, que los proyectos relacionados con la literatura no vuelvan al cajón hasta dentro de un año. Quizás de esta forma se podría detener la sangría del cierre de librerías, que Santiago, lamentablemente, sufre en carne propia. Los libros son de diario, no solo de fiesta.

Por Montse García CrÓNICA

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