«No estás tan perdida como piensas»

Elisa Álvarez González
Elisa Álvarez SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

Sara, la paciente, y Carolina, en la consulta de psiquiatría.
Sara, la paciente, y Carolina, en la consulta de psiquiatría.

Los 309 alumnos que terminan Medicina se enfrentaron solos a veinte consultas con pacientes ficticios

08 may 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Más de trescientos alumnos que finalizan el sexto curso del grado de Medicina. Veinte consultas de diez minutos cada una enfrentándose a todas las especialidades médico-quirúrgicas. Decenas de actores fingiendo ser pacientes. Evaluadores, coordinadores, y varias plantas del Hospital Clínico con cien consultas a disposición de este examen que tienen que realizar los estudiantes que terminan la carrera. Es, aunque con situaciones ficticias, la primera vez que se enfrentan solos al paciente, cara a cara, y el resultado suele ser satisfactorio, para ellos y para los correctores.

Ayer el CHUS acogió esta evaluación clínica objetiva estructurada (ECOE) desde primera hora de la mañana hasta última de la tarde. Los estudiantes tienen un cronograma con el orden de las consultas que deben seguir. Cada diez minutos, cambio. Dentro, se enfrentan a situaciones que en unos meses podrán vivir en la realidad. En este caso lo hacen con actores que fingen ser enfermos, o con maniquíes cuando tienen que realizar alguna intervención.

Algunas consultas tienen en la puerta una pequeña explicación de lo que van a encontrarse dentro. En cirugía ortopédica y traumatología, Natividad, de 90 años, llega con dolor en el miembro inferior izquierdo tras una caída en su domicilio. Hay que elaborar la historia clínica, hacer una exploración física, pedir pruebas, evaluarlas e interpretarlas, realizar un diagnóstico inicial y derivar al especialista. Otras veces el alumno no sabe qué se va a encontrar. En un centro de salud, un paciente de 60 años, hipertenso y mal controlado, siente un dolor en el pecho y se desmaya en la sala de espera. No respira. ¿Qué hacer? Todos los resuelven con bastante diligencia. Lo primero pedir ayuda. De hecho uno de los estudiantes grita ayuda desde la consulta. Mientras no llega el equipo de reanimación cardiopulmonar avanzada, se realiza la básica. La evaluadora simplemente explica cuál es la situación y finge ser una auxiliar de clínica o una administrativa.

Otras consultas tienen pacientes reales. Como la de psiquiatría. Allí esta Sara, una mujer de 36 años, que en realidad es una joven residente de la especialidad de psiquiatría. De no ser médico, tendría futuro en el escenario. Lo borda. Lo comentan al final algunas de las alumnas que realizaron la evaluación. «Los actores te ayudan mucho, porque explican muy bien qué les ocurre. La de psiquiatría genial, llorando y todo», dicen Lucía, Noemí, Cristina y Rocío.

Entre lágrimas y cabizbaja, Sara explica a su médico de familia -la estudiante Carolina González-, que lleva dos meses sin ganas de hacer nada. Es viuda y tiene dos hijos. Justo hace dos meses le dieron un puesto de mayor responsabilidad, pero cree que no lo hace bien. Carolina le pregunta por sus antecedentes clínicos, si fuma o bebe alcohol, si ha hablado de su problema con alguien o alguna vez ha pensado en no seguir viviendo, «alguna vez, pero no lo he hecho por mis hijos». Al final, la doctora fija una interconsulta con salud mental y le explica que aunque hay que descartar algo orgánico, la paciente tiene una depresión, que padece mucha gente «se trata, y suele ir bien», la tranquiliza.

 

Trato con el enfermo

Esta ECOE no evalúa en profundidad los conocimientos clínicos, por lo que el aprobado suele ser general, pero valora si el alumnos está preparado para enfrentarse solo a una consulta. De ahí que entre todos los ítems que se miden uno de los más importantes sea el trato con el paciente «si es de igual a igual, si el médico mira al enfermo a los ojos, si es transversal y utiliza un lenguaje adecuado», dice Álvaro Hermida, coordinador de la prueba.

Víctor Arce, vicedecano de Medicina, admite que la organización exige mucha coordinación, no en vano hay cien alumnos examinándose al mismo tiempo en consultas consecutivas, lo que obliga a hacer tres turnos a lo largo del día. Juan Gestal, el decano, reconoce que prácticamente todo el mundo aprueba «ya que a quién evalúa fundamentalmente es a nosotros, para ver en qué competencias hemos formado bien o mal, lo que nos permitirá corregirnos».

Tras finalizar, Lucía, Noemí, Cristina y Rocío admiten que había nervios pero, «vaste relaxando e dáste conta de que che gusta o mundillo». «No estás tan perdida como piensas», concluyen tras pasar por las veinte consultas en una prueba que valoran positivamente «porque te aproximas a la vida real, y lo haces con un enfoque multidisciplinar».