Elegir supone herir sentimientos, defraudar y recibir las críticas, habitualmente no constructivas, de quienes no comparten la decisión. Pero todo esto no puede ser una excusa para posponer soluciones definitivas y evidentes para problemas conocidos desde hace años. Nadie puede negar el hecho de que el adoquinado de San Pedro no es apto para el tráfico intenso, continuo y pesado que soporta la calle cada día. Entonces, ¿por qué no se toma una decisión, que parece tener solo dos opciones? O se hormigona y se permite el tráfico, o se mantiene el adoquinado y se prohíbe la circulación. La primera opción no parece viable a la vista de las directrices de Patrimonio, así pues la segunda se presenta como la decisión más lógica.
Sin embargo, la rúa de San Pedro ha sido objeto de innumerables proyectos y remiendos desde 1999 por el deterioro de un adoquinado que pide a gritos el cierre de la calle al tráfico rodado. La decisión no contentará a todos, pero el gobierno local tiene la capacidad y la responsabilidad de adoptar medidas para no seguir dilapidando recursos públicos en esta calle mientras otras, incluso muy cercanas, aguardan por un presupuesto que nunca llega.
Los que vivimos el proceso de peatonalización del casco histórico sabemos que la decisión acarreará duras críticas, incluso de quienes hubieran querido tener el coraje suficiente para peatonalizar San Pedro durante sus mandatos en el poder. Aún así, de la misma manera que a nadie se le ocurriría en la actualidad permitir el paso de vehículos a cualquier hora por la Rúa do Vilar, con el tiempo nos preguntaremos cómo fue posible que los coches circularan por San Pedro.