El refranero está plagado de verdades como puños. Y una de ellas bien puede ser la frase de que la unión hace la fuerza, aunque en no pocas ocasiones la naturaleza humana, aplicando una de sus mayores certezas: la contradicción, se encarga de echar por tierra la posibilidad de crear equipos. En plena fase de hartazgo post electoral y sin que se vislumbren acuerdos para una investidura con garantías de éxito, en Galicia, con el anuncio de que Feijoo renuncia al castizo bocata de calamares y apuesta por el pulpo á feira y la empanada, la precampaña para gobernar la Xunta nos ha estallado en la cara augurando una travesía nada apetecible. Y lo hace con las corporaciones municipales recién aterrizadas y en muchos casos después de que los nuevos equipos ya le han visto las orejas al lobo de la gestión, pero aún no han cogido el toro por los cuernos.
Desde el pasado verano, los nuevos alcaldes han repetido hasta el hartazgo la necesaria confluencia, una palabra que de un tiempo a esta parte está muy de moda, aunque muchos de los que presumen en aplicarla semeja que desconocen su verdadero significado. Hasta hace unos días las agendas políticas estaban saturadas de encuentros y posados supramunicipales para conjugar el verbo compartir con el sustantivo servicios. Los posados y comunicados oficiales rezumaron buenas intenciones, como la carta a los Reyes Magos y las declaraciones institucionales ante atentados y asesinatos machistas. Pero, como el lobo en el cuento de Caperucita, la realidad y las intenciones están escondidas bajo la capa roja de la cortesía política de quien públicamente no quiere ponerle el cascabel al gato y llamar a las cosas por su nombre.
Dentro de unos días, los alcaldes que integran la moribunda mancomunidad compartirán mesa institucional a puerta cerrada para hablar de confluencia, consenso, compartir servicios, crear equipos, coordinar proyectos e intercambiar experiencias. Habrá fotografías, declaraciones previas y la reflexión final de que la unión hace la fuerza. Pero tras ellas, la enquistada realidad que reconoce que la debilidad del vecino engrandece al más fuerte. Y mientras tanto, la gestión política nos deja depuradoras que no cumplirán su función, potabilizadoras desmesuradas, bomberos de Boiro trabajando en Milladoiro, policías locales y servicios sociales encorsetados en sus municipios y una red de concellos de acogida de refugiados de los que no pasó del comunicado oficial. Es probable que el encuentro se celebre en Raxoi. Y allí, a la entrada del Concello cabecera de Compostela, con las fotografías de Tizón sobre los refugiados sirios, bien podrían llegar a la conclusión de que la política es el arte de hacer cosas, no de hablar sobre ellas.