La afición de Sar lo volvió a hacer

Manuel García Reigosa
M. G. Reigosa EL PERISCOPIO

SANTIAGO

15 feb 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Lo volvió a hacer. Como hace cuatro años en Valladolid. Sin reproches. Esta vez en Sar. La afición escribió otra página de las que ejemplifican el significado de un apoyo incondicional. Porque, a falta de 2:45 para la conclusión del encuentro, tras un triple de Bertans que ponía el 64-82, empezaron tímidos cánticos de ¡Obra, Obra! en una parte de la grada y se fueron extendiendo por todo el pabellón, como ola de aliento. Y a la conclusión del encuentro no hubo pitos. A cualquiera que no hubiese visto el choque y le pusiesen la imagen de la despedida al equipo pensaría que la victoria había quedado en casa.

No atraviesa el Obradoiro su mejor momento. Las piezas no terminan de encajar y un equipo que empezó el curso emitiendo señales ilusionantes parece haber encallado. Eso es lo que más preocupa, la inercia, de más a menos. Porque el balance general es el mismo que el del Zaragoza o el Sevilla y permite mantener un colchón de dos partidos sobre los puestos de descenso.

El equipo sufre. Y la afición también. De la misma manera que uno y otra disfrutaron en aquel arranque con cinco victorias en ocho jornadas. Lo difícil es que sigan sintonizando el mismo dial después de un triunfo en doce encuentros. Y ese es un intangible supremo que nunca podrá computar en un presupuesto pero que tiene un valor incalculable. Lo resumía hace unos días la afición del Liverpool en un eslogan: «Supporters, not customers». Seguidores, no clientes. Más que seguidores, devotos.