La gestión turística de Compostela se mueve por simple inercia. Ahora el sector mejora porque no le queda otra, porque la tibia recuperación económica ha empezado a satisfacer de nuevo las ganas de viajar de los españoles y el mayor dinamismo del mercado interno da aire al negocio turístico local al tiempo que se mantiene el tirón internacional de los últimos años. Sin embargo, ningún balance denota una progresión a la medida del potencial real, enorme, que el destino urbano del Apóstol tiene entre todos los de España. Lo vuelve a demostrar el último informe de Exceltur, que sitúa a Santiago en el tramo de cola en España tanto en rentabilidad hotelera (en el conjunto estatal la media del último año ha sido del 11,5 % y en Santiago apenas el 5,2) como en creación de puestos de trabajo, dato este especialmente preocupante a la vista de la dependencia que la economía compostelana tiene de este sector: el 4 % de incremento del empleo turístico en el 2015, frente a la media del 5,4 de los más de cincuenta destinos urbanos, denota el inmovilismo de sus estructuras, incapaz de dar el salto necesario para diversificar su oferta alargando la gratificante experiencia -este valor es incuestionable- de los visitantes, rompiendo la muy acentuada estacionalidad, fomentando el turismo de congresos o persiguiendo un mayor valor añadido en el Camino de Santiago. La capital gallega tiene todos los ases, pero la Administración no está a la altura y la deriva de la empresa municipal Incolsa es un lastre. Que la suspensión de licencias de alojamientos capitalice la iniciativa política y el debate turístico da idea de esta inercia insostenible.