Cada trimestre e incluso desglosado por sexo hace unos años, y desde hace un tiempo con el Gobierno del PP cada seis meses, la Administración sanitaria hace públicas las listas de espera para someterse a una cirugía, realizar una prueba diagnóstica o ir a la consulta del especialista. En el CHUS las cifras son peores que en la media de los centros públicos, pero los hospitales grandes tienden a tener más demora media que los comarcales, y de hecho Vigo y A Coruña están peor. No es excusa el «y tú más», por supuesto. Hay 6.327 compostelanos o de alrededores esperando a entrar en el quirófano. Esperan una media de 73,4 días, prácticamente dos meses y medio. Un total de 242 enfermos más de medio año. Muy leve ha de ser una patología para que quien la sufra pueda esperar más de seis meses o incluso un año para ir al quirófano. Porque aunque no mate, quien necesita una prótesis de rodilla probablemente tenga molestias, dolor, o con el tiempo vea cómo se agrava su enfermedad.
En la sanidad hay que hablar de cifras pero enfermos y números nunca casan bien. Cada uno es él y sus circunstancias. Y aunque personalmente me he encontrado siempre con un sistema sanitario amable, rápido y en el que confío plenamente -quizás pecando de ingenua, pero no tengo malas experiencias para poder criticar- entiendo la desesperación y la angustia de quien ve cómo su consulta se retrasa, el TAC para confirmar una sospecha no llega, o la intervención se demora meses. Siempre exigiendo el mayor rigor con el uso de los recursos, en sanidad no deberían doler prendas cada uno de los euros que se invierten.